Orgía callejera

La Razón
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Hasta hace muy pocas semanas preguntar a cualquier ciudadano español por Tottenham, era como preguntar por un jeroglífico de caracteres anglosajones, que en su mayoría no situaban en Londres y que como mucho, un avezado aficionado al fútbol, podía relacionar con el equipo del Tottenham Hotspur. Era en definitiva un nombre archivado en el disco duro sin más significado.
La actualidad ha cambiado las cosas. Tottenham es un barrio londinense, histórico en otros tiempos por sus revueltas sociales provocadas por una sociedad muy variada en sus orígenes étnicos y muy desequilibrada en sus recursos económicos. Tottenham fue un laboratorio sobre el que los británicos querían edificar una sociedad que asumía a toda velocidad la incorporación a la Metrópoli de millones de inmigrantes que con pasaporte «royal» querían vivir en el Reino Unido en pleno proceso de independencia de las colonias. Tottenham se convirtió en un banco de pruebas de esa nueva sociedad «british» que decía haber asumido con naturalidad la inmigración de las colonias y en el fondo lo que habían hecho era engañarse a sí mismos, destinando a toda esa inmigración a los trabajos que los británicos no querían desarrollar. Así los conductores de metro, los kioskeros, los gasolineros, los tenderos de los comercios abiertos 24 horas y así sucesivamente, fueron convirtiéndose en reductos coloniales de aquellos que con pasaporte de la «Corona» eran incorporados a la sofisticada sociedad británica.
Aquello provocó fuertes enfrentamientos raciales y étnicos, pero también es cierto que con el paso del tiempo todo se fue reajustando y poco a poco el Reino Unido en general, y Londres en particular, se convirtió en un crisol racial y étnico que con más ficción que realidad ha ido cuajando como una característica de una sociedad como la británica, en apariencia abierta, pero en la práctica cerrada y encerrada en unas costumbres y tics victorianos que les hacen ser tan extravagantes como clasistas. Una mezcla difícil de entender en la teoría pero que sobre el terreno es absolutamente visible y evidente, y de la que los británicos se sienten orgullosos, aunque no siempre con razón. Prefieren quedarse con los resultados cosechados, olvidándose del clasismo que esa multiplicidad racial provoca en el Reino Unido.
Tottenham no escapa a todo esto; tiene tras de sí un reguero de historias convulsas y complicadas, pero dicho lo cual no hay que engañarse. Lo de estos días es un fenómeno nuevo que sociólogos y medios de comunicación analizan a toda prisa buscando razones a esta situación. Seamos humildes, de Tottenham sabemos mucho, conocemos su historia y su compleja composición social; pero no sabemos las razones de lo vivido. Mientras, en las calles de Tottenham se siguen viendo ondear en cada esquina las banderas de su equipo de fútbol: «orgullo de Londres» dicen los aficionados de White Hart Lane. Por el momento nos quedamos con una triste orgía de violencia callejera de la que desconocemos sus motivos reales más allá del impacto mediático.