Palhas ni duros ni bravos

La tarde estaba predestinada, el viento la marcaría de principio a fin. El talento y los arrestos definirían el resto. La corrida de Palha dejó mucho que desear. A la «dura» le faltó para empezar la buena presentación, hechuras y remate en sus toros. Más de un animal si sale con otro hierro lo protestan hasta quedarse sin voz, pero se pasaron por alto.

El madrileño saludó la única ovación de la tarde en el jabonero sexto
El madrileño saludó la única ovación de la tarde en el jabonero sexto

No fue lo peor, lo peor estaba por dentro. La casta estuvo en busca y captura toda la tarde. Dentro del conformismo, nos quedamos con el primero, con el que abrimos boca, suavón, noble, que no es lo mismo que bravo, pero dejándose de verdad. Con embestidas buenas... Pero el viento fue, y el viento vino, y el toreo se hizo chiquito cuando se tenía que hacer grande. A Luis Bolívar se le fue la faena en tiempos muertos, esperando el cobijo de la seguridad de la muleta inerte. Volaba el engaño y la oportunidad de hacer faena al toro. No estuvo fino Bolívar que, lidiada toda la corrida, se nos antojó todavía mejor.

El aplomo corrió a cargo de David Mora. Seguridad por encima de los derrotes. Seriedad ante la incertidumbre del toro, que no tenía una embestida clara, ni buena. Así fue el tercero. En los derrotes abundó, y el viento era eje, pero a Mora no le abandonó el ánimo y solventó con dignidad la papeleta. Para cerrar plaza, el último de una larga y fría tarde, salió el sobrero de Aurelio Hernando, que llevaba toda la feria en los corrales esperando la oportunidad. El jabonero resabiado de salida puso a Mora a pensar desde bien pronto. Fue al caballo varias veces, como por inercia pero las ilusiones se quedaron ahí.

Llegó el toro a la muleta, al trance final, con la casta justa, la nobleza bien sumada y una arrancada que iba y venía sin molestar. Mora despreció al viento de nuevo, como si no existiera, buscó el acople y cuando el toro se paró, el diestro aguantó sin aspavientos. Seguro de sí mismo. De ahí a opciones de triunfo, hubo un abismo. Salvador Cortés se fue largo para escaso contenido. El segundo, sobrero de Carmen Segovia, fue tan tardo como espesa la faena. Nada ocurrió. El público acabó por enfadarse en él en el quinto. Topaba el toro por el derecho, pero descolgaba el cuello por el izquierdo. No logró la ligazón, la rompía Cortés buscando el toreo con pases de uno en uno y perdiéndose en enganchones.

Luis Bolívar, contagiado de lo liviano, se fue largo con el cuarto, que topaba en el engaño, sin clase, sin entrega, sin nada que rescatar. No sumó el colombiano. La ley del campo bravo está cambiando. Muchos toros han embestido en la feria, en lo «duro» igual hay que revisar conceptos. Que en Madrid han salido toros bravos.

Las Ventas (Madrid). Vigésimo segunda de San Isidro. Se lidiaron toros de Palha, desiguales de presentación, el 1º, manejable y de buen son; el 3º, de mala clase; 4º y 5º, deslucidos y sendos sobreros de Carmen Segovia (2º), parado, y Aurelio Hernando (6º), manejable y sin fondo. Casi lleno. Luis Bolívar, de rosa y oro, aviso, estocada baja (silencio); estocada caída (silencio). Salvador Cortés, de violeta y oro, estocada, aviso, dos descabellos (silencio); pinchazo, pinchazo hondo caído, media, aviso (pitos). David Mora, de purísima y oro, metisaca, estocada caída (silencio); pinchazo, estocada (ovación).