Historia

Muertes sin sentido por Luis Togores

La Razón
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A lomos de un caballo se han escrito algunas de la páginas más heroicas y también más estúpidas de la historia militar. En la guerra de Crimea, la caballería británica, mandada por el orgulloso y descerebrado lord Cardigan,rubricó una de valor absurdo de las más célebres en Balaclava (1854). Dos filmes inmortalizaron la gesta: «La carga de la brigada ligera», dirigida por Michael Curtiz, con Errol Flynn, y la desmitificadora «La última carga», de Tony Richardson. Años después, un joven teniente de caballería llamado Winston Churchill se enfrentaría a los derviches en Ondurman, pensó que participaba en la última carga de la historia de la caballería. El 23 de julio de 1921, en pleno desastre de Annual, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, al frente de un escuadrón del regimiento de Alcántara, cargó contra un mar de rifeños ganando la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo. Los jinetes de Alcántara quedaron aniquilados, pero con su sacrificio permitieron que muchas tropas alcanzaran las murallas protectoras de Melilla. Meses después aún se oteaban los restos de los caballos y sus jinetes en el lugar donde habían caído. De 461 hombres del regimiento de Alcántara sólo sobrevivieron 80.
En la Primera Guerra Mundial (en al imagen), franceses, británicos, alemanes y rusos movilizaron millones de hombres. Junto a ellos miles de equinos, la mayoría para arrastrar cañones, carros y ambulancias. Los mejores fueron entrenados para la guerra y para formar parte de la caballería, a pesar de que la época en que jinetes y caballos cargaban contra la infantería y tomaban piezas de artillería ya había pasado. La ametralladora, trincheras y alambradas habían convertido el campo de batalla en una trampa mortal para jinetes y animales. En 1914 la caballería desenvainó el sable, pero sólo para morir sin sentido. Eran los días en que los carros de combate se iban a adueñar de los campos de batalla.

Luis TOGORES
Historiador