Miss miss miss por Alfonso Ussía

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Formé parte, en una ocasión, del jurado de «Miss España». Me pareció tremendo. Trata de blancas, mercado de carne. Sólo una anécdota divertida. Las pobres aspirantes, todas guapísimas, desfilaban en traje de baño ante el jurado en un salón del hotel. Lo hacían individualmente, una después de la otra. Tras la humillante muestra, se sentaban ante el ilustre jurado, y respondían a diversas preguntas. Una de las aspirantes informó que su gran afición era la pintura. Luis María Anson, presidente del jurado, cedió los trastos a Antonio Mingote, pues nadie como él para adentrarse en los espacios pictóricos de aquella artista en ciernes. –¿En qué pintor se inspira usted para sus creaciones?–, le preguntó Antonio. Y ella, muy segura y refitolera, respondió: –En Velázquez, pero yo pinto con muchísimos más colores–. Aquellas chicas querían ganar, pero ignoraban que su triunfo se habría de convertir en la esclavitud durante un año, el fin de la privacidad, la inmersión en las aguas turbias del famoseo, el desastre absoluto y la descomposición de la normalidad. Me causó extrañeza que muchas de ellas estuvieran allí apoyadas por sus padres, ingenuos soñadores de la fortuna como consecuencia del infortunio de sus hijas.

Me interesa tan poco esto de «Miss España» que ignoro si aún se celebra el concurso. No obstante, me he enterado de que en Cataluña han encontrado una nueva vía para la independencia con la organización de «Miss Nació Catalana 2012». La gloria ha caído sobre la corona de Jéssica Oliveras, que venció en la final a cinco compañeras esteladas, entre ellas a «Miss Baix Camp», que es rumana, y «Miss Bages», nacida en Eslovenia. Jéssica Oliveras ha sabido ser profeta en su tierra, puesto que su inenarrable victoria tuvo lugar en su localidad natal, «Sant Joan de les Fonts», allá en Gerona, y ante 300 entusiasmados vecinos. La firma textil «Punto Blanco» promocionó el brillante certamen.

La nueva «Miss Nació Catalana» sonreía con elegante naturalidad, pero una nube sombreaba la belleza de su mirada. «No pude asistir a la manifestación independentista, pero me habría gustado». Esta mujer se merece la Gran Cruz de Sant Jordi por diferentes méritos. Consiguió en «Sant Joan de les Fonts» (probablemente San Juan de las Fuentes), lo que no pudo alcanzar Artur Mas en Moscú. El éxito. No es fácil triunfar en las localidades pequeñas. En Rusia hay mucha gente para solicitarle un aplauso, pero en «Sant Joan de les Fonts» tan sólo había 300 personas, y algunas de ellas, con toda probabilidad, partidarias de las chicas rumana y eslovena. Cataluña, a partir de ahora, estará representada por su sonrisa angelical y no por el burro, a pesar de que la cantante Lloll Beltrán interpretara una sutilísima y bella canción que puso a todos los presentes los pelos como escarpias y de cuyo texto destaco el siguiente mensaje: «Llevo el burro, y si voy a Extremadura o Salamanca, sabrán que soy catalana. Independencia. Vaya gol, el burro catalán». Quizá haya sido esa la causa de que no le hayan reconocido a Mas en Moscú. Iba sin burro.

Le deseo a «Miss Nació Catalana» el éxito que su prestigio intelectual merece. Tendría, eso sí, que ser algo más cuidadosa con la agenda. No todos los días hay manifestaciones independentistas, y entre «Sant Joan de les Fonts» y Barcelona no media largo trecho. A la próxima está obligada a asistir, con burro o sin burro, que con la independencia de Cataluña no se juega.