La Nueva España

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De aplicar el modelo español, el estado de Texas habría sido el perfecto candidato para constituirse como nacionalidad histórica. España tiene 504.645 km², 47.021.031 habitantes, un PIB de 1.395.421 millones de dólares (en 2008). El PIB por habitante es de 30.120 dólares. El estado norteamericano de Texas, por su parte, tiene 696.241 km2, 25.145.561 habitantes y un PIB de 1.080.000 millones de dólares. El PIB por habitante fue en 2005 de 42.975 dólares. Antes de integrarse en la Unión en 1845, Texas fue territorio español –la Nueva España–, luego mexicano, y por fin República independiente. De aplicar el modelo español, el estado de Texas habría sido el perfecto candidato para constituirse como nacionalidad histórica. Sin embargo, la organización política del estado de Texas es muy distinta. Texas, orgullosa de su identidad pero nada nacionalista, elige gobernador y Congreso cada cuatro años. Ahora bien, los legisladores no cobran nada por serlo y se reúnen 140 días cada dos años. El Estado no aplica ningún IRPF local, aborrece el déficit y las regulaciones. En consecuencia los texanos pueden crear puestos de trabajo (265.300 empleos netos desde 2009) y el paro, este año, es del 8%. Mientras llega el feliz momento en que alguna parte de Europa se parezca un poco a Texas –algo que llegará, porque el grado de intervencionismo y gasto gubernamental que hemos alcanzado aquí es insostenible, y de no limitarse acabará arruinándonos a todos–, podemos consolarnos pensando en lo ocurrido en las últimas elecciones. Por ceñirnos a Madrid, se pueden destacar cuatro nuevos alcaldes: Paloma Adrados, Juan Soler, Jesús Gómez y David Pérez. Se podrían citar muchos otros, como la alcaldesa de Aranjuez y el alcalde de Pinto, pero estos cuatro nombres son significativos. Tres de ellos han desbancado al PSOE después de muchos años de gobierno socialista. En contraste, Paloma Adrados sucede con mayoría absoluta a otro alcalde del Partido Popular. Los electores castigan o premian a un partido, no al conjunto de la «clase política». Los cuatro nuevos alcaldes combinan cierto aire juvenil con una larga experiencia política. Tienen una excelente formación, hablan idiomas, se han preocupado de los debates sociales, políticos y culturales de nuestro tiempo. Viven la tolerancia con naturalidad, sin hacer de la diferencia una bandera contra los demás. Son gente trabajadora, honrada, dialogante. Pueden representar a todos los españoles, no a una cuota. Es de suponer que aplicarán políticas de prudencia y austeridad. Son al mismo tiempo protagonistas y consecuencia del cambio que se ha producido en el centro-derecha español. Todo esto contrasta con lo ocurrido en el PSOE. Los once años de zapaterismo trajeron, como recambio generacional y propuesta de liderazgo para la sociedad española, a personajes como Leire Pajín, Carme Chacón y Bibiana Aído. Como es natural, el PSOE tiene ahora que recurrir a una de las figuras más maduras del felipismo para intentar sortear la crisis. España, como cualquier país que aspire a ser una nación rica y civilizada, necesita una larga pasada por el centro-derecha y olvidarse del socialismo. No llegaremos a Texas, pero los resultados del 22 de mayo auguran un progreso cierto.