El Juli en tibia Beneficencia

En menos de dos horas estábamos fuera de la plaza. Eso sí, nos íbamos con lo puesto. La gloria no trascendería. Aunque de fondo hubo mucho más. Algún lance de Morante, un par de remates de Juan Mora de impresión.

Palomo Linares ocupó una barrera para presenciar la tarde
Palomo Linares ocupó una barrera para presenciar la tarde

Y una faena de Juli para reposar. Aunque aquel toro, aquel Victoriano del Río que salió en tercer lugar, viviera tres vidas no le hubiera cogido el aire a su descoordinación. Mucho menos le costó al madrileño en esa cabeza de privilegio para la matemática taurina. Se esperaba la corrida del ganadero de Guadalix con expectación, se protestó algún toro por falta de remate después, y el encierro en general se movió en las telas, aunque faltó entrega. No hubo un toro líder del conjunto, que elevara la nota. Un plus de calidad, de embestidas rematadas de verdad por abajo, la movilidad encontró salidas dispares. Diferentes versiones. Concentración plena exigió el tercero de la tarde, que desde que salió por la puerta de toriles hizo cosas muy raras. Sus ansias y sus realidades no iban en el mismo camino.

No había encuentro, sintonía. Esa descoordinación hubiera sentenciado el trasteo de cualquiera, pero El Juli no puso el acento ahí ni tampoco en el que en esta plaza se le exija más que a la media, a la media de las figuras, me refiero. Se abría muchísimo el toro al salir de los primeros encuentros con la muleta de El Juli, se abría de los cuartos traseros después, toda una expectación la aventura del toro en cada muletazo. Nunca sabías cómo se iba a resolver. Hasta que mediado el trasteo Julián nos sorprendió metiendo al toro en vereda en una tanda de naturales como si nada de lo que hemos contado hasta ahora existiera: suavidad en el trazo, descomunal cómo rompió el muletazo por abajo, convenció al toro. Ahí estaba el lío. Lo repitió ante el asombro en una tanda más de corte divino y se fue a por la espada. Hizo el toro un extraño, dudó el diestro y la espada cayó en un sitio indigno.

No suele pasar, no debe pasar. Se le protestó. Se le pitó. Se le castigó. Nada se pasa por alto en esta plaza. Menos si es una figura. Mucho menos si esa figura es El Juli. El sexto fue de Toros de Cortés. Una tanda nos duró la ilusión. Por abajo, ligada y en el mismo centro del redondel. Como si le hubieran absorbido la casta el toro se desfondo, y el resto de la faena quedó en las promesas de Juli. De rápidos movimientos fue el primero de la tarde. El debut de la Beneficencia. Con la plaza de Madrid llena a reventar y adornada de arriba abajo. El toro apretaba y Juan Mora justificó y remató con la espada. En ese encuentro se llevó un fuerte golpe en la cara. Quizá el cuarto fue el astado de más clase en las telas, aunque cantó cuando le sometió y acabó por rajarse.

Mora hizo réplica a un exquisito quite por chicuelinas que había hecho Morante y esculpió un par de remates, ya con muleta en mano, de escándalo, entre ello un cambio de mano. Tenía carbón el toro, pedía más y más, aunque cuando Mora le tomó la medida para llevarlo más el toro renunció a la pelea. Morante se fue de Madrid en blanco. El segundo tenía un punto de violencia que el genio sevillano no superó y se desfondó con el quinto de media arrancada. Los banales intentos no conectaron. Tibio paso. Desencuentro. Beneficencia presidida por el Príncipe. Tres brindis tres.

El Príncipe presidió la Beneficencia
El Príncipe de Asturias, escoltado por Esperanza Aguirre y Ramón Jáuregui, regresó en la tarde de ayer a Las Ventas para presidir la tradicional Corrida de la Beneficencia, que atrajo a rostros conocidos como el presidente del Congreso, José Bono, acompañado por el empresario José Pedro Orio. No faltaron el ciclista Alberto Contador, los presentadores Nuria Roca y Ramón García o Miguel Ángel Gil Marín. También se dejaron ver el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho; y el cantaor flamenco Diego «El Cigala».

Las Ventas (Madrid). Segunda de la Feria del Aniversario. Se lidiaron toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés (6º), desiguales de presentación, con movilidad, pero sin acabar de romper. El 1º, con genio; el 2º, encastado; el 3º, descoordinado; el 4º, bueno hasta que se raja; el 5º, deslucido; el 6º, apagado. Lleno de «no hay billetes». Juan Mora, de verde botella y oro, estocada, tres descabellos (silencio); estocada punto contraria, cuatro descabellos (silencio). Morante de la Puebla, de catafalco y oro, estocada baja (silencio); dos pinchazos, estocada, descabello (silencio). El Juli, de azul marino y oro, sartenazo que hace guardia, dos descabellos (división de opiniones); media (silencio).