Asia

Corea contiene el aliento

El Gobierno surcoreano envía más tropas a la zona, atento a los movimientos de Pyongyang.

Corea del Norte está «preparada para aniquilar» al Sur si viola su soberanía
Corea del Norte está «preparada para aniquilar» al Sur si viola su soberanía

En las islas situadas al oeste del puerto de Incheon, en Corea del Sur, ayer sólo faenaban los furtivos chinos y algún pesquero temerario que le ha perdido el respeto a la artillería de Kim Jong Il. La Península coreana se mantiene en vilo de cara a las maniobras militares del domingo, cuando Estados Unidos y Corea del Sur desplegarán una fuerza disuasoria, encabezada por el portaviones George Washington, frente a las costas del régimen de Kim Jong Il. Y aunque todavía no se sabe a qué distancia colocarán sus barcos de la artillería enemiga, las maniobras navales han sido interpretadas por Pyongyang como una «provocación». Es más, el país estalinista acusó ayer a Washington y Seúl de estar poniendo la región «al borde de la guerra» con sus maniobras conjuntas y amenazó con «aniquilarlos» con una «lluvia de fuego terrible».

La prensa surcoreana detallaba en su edición de ayer los tipos de buques de guerra que podrían participar en la exhibición de fuerza y se prodigaba en listados comparativos, desglosando la capacidad de ataque a uno y otro lado de la frontera. Y mientras la capital, Seúl, seguía su ritmo cotidiano sin más angustias que las que proyectaba el telediario, la preocupación por lo que pueda pasar el domingo era palpable en Incheon, puerto de desembarque de las islas del noroeste, las más expuestas a un ataque.

«Todos creemos que el domingo se sabrá si esta crisis termina aquí o habrá nuevos episodios violentos», aseguraba Song Hank, una periodista de la televisión nacional desplazada a la zona y que ha trabajado sin descanso desde el martes, cuando la isla de Yeongpyeong fue bombardeada por sorpresa.

Ni siquiera puede hablarse de calma tensa. Lo impiden las constantes amenazas de Corea del Norte y la decisión del Gobierno surcoreano de enviar más tropas a las zonas más calientes. «No debemos bajar la guardia al prepararnos para otra posible provocación de Corea del Norte, ya que puede ocurrir en cualquier momento», dijo el presidente Lee Myung-bak, tras anunciar un incremento de la fuerza militar, «incluidas tropas de tierra en las cinco islas del mar Amarillo».

Ayer, además, dos detonaciones hicieron saltar las alarmas durante varios minutos. Los disparos retumbaron en Yeongpyeong, donde se produjo el martes el ataque que dejó cuatro víctimas y que a estas alturas es una isla fantasma, en la que sólo quedan periodistas, militares y un puñado de familias.

Fuentes militares surcoreanas citadas por la prensa local confirmaron después que la artillería norcoreana había abierto fuego, sí, pero dentro de su territorio, supuestamente en el marco de una maniobra, o unas prácticas de tiro.

Siempre según fuentes surcoreanas, el dictador Kim Jong Il estuvo visitando en la víspera del ataque la base militar de Gangnyeong, desde donde se habría coordinado la agresión. Además, el «Querido Líder» habría sido visto en las instalaciones militares en compañía de su hijo, Kim Jong Un, elegido para sucederle en el trono del comunismo hereditario. Dicha visita no ha sido contrastada por otras fuentes, pero ambos aparecieron 48 horas después en la televisión estatal, visitando una fábrica de soja localizada a pocos kilómetros de allí. Mírenlos: la paz de Extremo Oriente depende de ellos dos, de cómo el anciano dictador y su inexperto vástago quieran responder a las maniobras militares del domingo.


Nuevo ministro
Después de haber aceptado el pasado jueves la dimisión del titular de Defensa por las duras críticas tras el ataque de Corea del Norte, el presidente sucoreano, Lee Myung Bak, designó ayer al nuevo ministro de esta cartera. Se trata del ex jefe del Estado Mayor Conjunto Kim Kwan Jin, de 61 años, según informó este viernes la oficina presidencial. Su experiencia en lo relativo a operaciones de combate, estrategia y armamento devolverán «la confianza a la gente y la moral al Ejército» en Corea del Sur tras el ataque, según cree el secretario de la Presidencia, Hong Sang Pyo.


Corea del Norte: un ejército anticuado bajo el fantasma nuclear
Los analistas militares no se dejan deslumbrar por las mastodónticas cifras del Ejército Popular de Corea del Norte: los números no están respaldados por un armamento a la altura del siglo XXI. El factor electrónico, la verdadera piedra de toque en unas fuerzas armadas modernas, está del lado surcoreano. Es dudoso que los generales de Kim puedan hacer frente a una ofensiva aérea que contaría con el respaldo técnico de Estados Unidos. Ni siquiera el escaso material moderno, de origen chino, es rival para unos sistemas de armas capaces de dirigir misiles aire-tierra y bombas guiadas desde decenas de kilómetros del blanco. Cualquier medida de represalia puntual que adoptara el Gobierno de Seúl se vería coronada por el éxito. Pero el régimen comunista de Kim cuenta con su publicitado programa nuclear como eficaz disuasión. Es difícil calcular si una respuesta limitada, al estilo de los israelíes, provocaría una reacción paranoica del Norte. Tan complicado como saber a ciencia cierta cuál es la verdadera capacidad nuclear de los Kim.