Di Filippo: un espíritu anda suelto en el María Guerrero

«Con derecho a fantasma», dirigida por Oriol Broggi, supone el regreso a la cartelera de Eduardo de Filippo, un clásico contemporáneo poco frecuentado en España

Una escena de «Con derecho a fantasma», un montaje clasicista
Una escena de «Con derecho a fantasma», un montaje clasicista

Los personajes de Eduardo de Filippo no hablan en importante, quizá por eso no hemos sabido apreciarlo en este país tan propenso a la sobreactuación. En las últimas temporadas, sin embargo, ha vuelto a asomar a la cartelera, primero tímidamente con aquella «Filomena Marturano», de Concha Velasco, y el año pasado con el estruendoso aplauso que se llevó «El arte de la comedia», el montaje con que La Abadía celebró su 15 aniversario. El Centro Dramático Nacional pone de su parte en este impulso y coproduce junto a La Perla «Con derecho a fantasma». El título les sonará un poco añejo, no obstante se trata de la traducción libérrima de «Questi fantasmi» (algo así como «Vaya con estos fantasmas») para el estreno en Madrid, protagonizado y dirigido por Fernando Fernán-Gómez en plenos 50. Una fórmula lingüística que recuerda a las pensiones con derecho a cocina, tan propias de la época.

Los fantasmas ocupan un viejo caserón, o así lo sostiene la sabiduría popular. Para desmentirlo, su dueño se lo cede de forma gratuita durante cinco años al matrimonio formado por Pasquale Lojacono y su esposa María. De la fama de los fantasmas se aprovecha el portero de la finca, Raffaele, que echa la culpa a estas criaturas de los robos que él mismo comete. La confusión también es aprovechada por Alfredo, el amante de la esposa, que se pasea a sus anchas por la casa al haber hecho creer a su rival que se trata de un fantasma que sólo él puede ver. La confusión y el enredo no pueden ser mayores. Ese entrar y salir de gente esconde en realidad una reflexión más bien trágica.


La tragedia moderna
Decía el propio autor: «No creo en absoluto que esta obra sea comedia, es tragedia moderna. Ésta tiene que mantener la parte cómica y grotesca de la situación». La obra, según él mismo, supone «la capitulación de todos los sentimientos, la destrucción de todos los poderes morales de esta civilización nuestra. En suma, es el momento de la desesperación de posguerra». No le contradice el director de esta función, Oriol Broggi, que conviene que «empieza como una comedia desternillante y acaba como un drama». «Hablando de algo cotidiano lo eleva a la categoría de universal y moderno, porque sigue conmoviendo como en los 50», asegura Gerardo Vera, el responsable de la invitación a esta «troupe» catalana a llenar de aullidos el vetusto escenario del María Guerrero. Y va aún más allá: «Con Eduardo Filippo entra aquí el gran teatro del siglo XX». Una carpintería teatral que surgió de oído, pues el dramaturgo, miembro de una saga teatral, creció entre cajas.

El montaje hace honor a la aparente simplicidad del texto: «Es un espectáculo muy sencillo que va a buscar lo bonito, un tanto simple y evidente, que marcha al encuentro del espectador». Para ello, ha contado con dos actores italianos, Pasquale Bávaro y Tony Laudadio e intérpretes de diferentes «familias» del teatro catalán como Marta Domingo, Xavier Boada y Manuel Dueso, entre otros. «Eduardo de Filippo hace un juego entre el napolitano y el italiano, dos lenguas distintas que conviven con Nápoles. Si él jugaba con esto, también podemos hacerlo nosotros», argumenta Broggi. El director, a quien algún día le encantaría hacer un «Hamlet» en el que el fantasma del padre del protagonista fuera un actor inglés, cree que esta mezcla aporta verosimilitud. Tony Laudadio, uno de los italianos invitados, se sorprende de que el público reaccione con sorpresa ante determinadas situaciones, pues en su país todo el mundo sabe de memoria las tramas: «Para nosotros, los napolitanos, es como Shakespeare. Cada Navidad vemos en la tele "Natale in casa Cupiello", que es más que una misa». 


Adaptaciones al cine
Habrá más de un amante del cine que tenga en mente el argumento, pues fueron habituales las adaptaciones a la gran pantalla. Vittorio Gassman y Sofia Loren pusieron cuerpo al matrimonio protagonista. La Loren volvió a Di Filippo con «Matrimonio a la italiana», en la que tuvo a Mastroianni como compañero. Otros grandes, Vittorio de Sica y Gina Lollobrigida, encarnaron «Pan, amor y fantasía». Aunque quizá el título más conocido en nuestro país sea «Nápoles millonaria».

Tanto éxito es debido, según Orilo Broggi, a que «Filippo sabe dibujar los personajes de forma muy rápida y directa. Echo de menos en el teatro moderno esta capacidad de presentar los personajes con apenas dos tonterías», comenta el director catalán, a quien conocimos en Madrid por una versión desnuda de «Antígona». «A aquella producción había que buscarle una estética para darle actualidad a la tragedia , pero a estos personajes no podemos vestirlos, por ejemplo, de japoneses, hay que respetar un vestuario y una escenografía de la época». Para Broggi, que es uno de esos profesionales que nunca dan por cerrado un espectáculo, siempre sujeto a mejoras y modificaciones, la función ha crecido en un entorno como éste: «El María Guerrero es un teatro antiguo y con solera, viejo en el buen sentido de la palabra, y uno de los mejores escenarios que he pisado nunca. En este caso el espacio ayuda mucho al espectáculo», concluye.


DÓNDE: Teatro María Guerrero. Madrid. CUÁNDO: hasta el 5 de diciembre. CUÁNtO: de 4 a 18 euros. Tel: 91 310 94 29.


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