Cayos de Florida: el confín de los Estados Unidos

Entre el océano Atlántico y el Golfo de México, los más de 300 kilómetros del estrecho de Florida cobijan 1.700 cayos. Bajo el agua, impresionantes arrecifes de coral y un sinfín de especies esperan al viajero dispuesto a sumergirse y bucear. La experiencia es única 

Cayos de Florida: el confín de los Estados Unidos
Cayos de Florida: el confín de los Estados Unidos

Mil setecientos cayos, pequeñas islas que suman unos 320 kilómetros en el estrecho de Florida; arrecifes de coral desde el sudoeste conforman una barrera coralina natural entre el Atlántico y el Golfo de México. Para disfrutar de este ecosistema de singular belleza se necesita decisión, no está de paso. Hay que conducir por autopistas y puentes que salen desde el sur de Florida para unir los cayos y avanzar sobre aguas cristalinas hacia el que muchos denominan confín de Estados Unidos.
En los cayos la vida es muy distinta a la de cualquier lugar del resto del mundo. El agua es su principal atractivo, aunque la tierra ofrece una flora y una fauna únicas. Un entorno donde es posible alejarse de la realidad adentrándose en el interior del mar. El paraíso para buceadores con esnórkel y submarinistas.
Entre los arrecifes coralinos destaca el que bordea las islas con unos 190 kilómetros de largo: el Santuario Marino Nacional de los Cayos de Florida. Innumerables especies de peces nadan en sus aguas, lo que hace de la pesca un deporte muy popular. Las especies más codiciadas son la parra, el sargo, el pargo y el róbalo, mientras que en alta mar, el mahi-mahi, el atún, el mero y la aguja son los más buscados. Suman más de 500 especies de peces, 55 variedades de coral junto a 27 tipos de gorgonias y una gran cantidad de cangrejos, langostas, camarones, estrellas y pepinos de mar, así como caracoles y esponjas.
Cuentan que el nombre de Key West proviene de «cayo de hueso», como lo llamaban los españoles que encontraron esqueletos en sus playas. Hoy es un lugar histórico y pintoresco, que perteneció a la Corona española hasta 1821. Durante la guerra de 1898 entre Cuba, España y Estados Unidos, el cayo toma gran importancia por su cercanía a la isla caribeña. Muy cerca de la playa se observa un monumento que indica la distancia entre Estados Unidos y Cuba: 90 millas, unos 145 kilómetros, desde donde se vislumbra el perfil de la isla cubana.

Refugio de famosos
En los Cayos hay tanto por descubrir, que casi es imposible dormir. Las islas fueron refugio de piratas, pescadores, comerciantes, buscadores de tesoros e incomprendidos por la sociedad. El conocido museo Pequeña Casa Blanca es una imponente mansión fundada en 1890 como sede del comando naval por el conflicto bélico. En 1946 el presidente Harry Truman convierte la casona en su residencia de invierno. Pero también disfrutaron la mansión otros como Eisenhower y Kennedy.
Ya en el siglo XX, escritores y artistas eligieron este paraíso como morada. Uno de ellos fue el mismísimo Premio Nobel de Literatura de l954, Ernest Heming-way. Corrían los años 30 cuando el artista fue invitado por el escritor John Dos Passos. Se enamoró de Key West y compró una casa, de estilo colonial español, donde vivió con su segunda esposa, Paulina Pfeiffer, hasta l939. Después de su suicidio, el 2 de julio de l961, en Idaho, la Fundación que lleva su nombre mantuvo la casona como museo. A su entrada sorprende la gran cantidad de gatos, más de 20, que saludan a los visitantes como si fueran los «dueños» de la casa. Estos felinos son descendientes de los que cuidó el escritor. La leyenda de Hemingway revive cada año cuando se organiza un festival de literatura que cuenta con un interesante concurso: premiar al hombre que más se parezca al escritor. No es de extrañar que algún visitante se sorprenda al ver a «Hemingway» por alguna esquina.
Enamorados de los cayos también estuvieron el tenor Enrique Caruso y el poeta José Martí. El naturalista John James Audubon se fascinó con la flora y fauna que conforman Key West Butterfly and Nature Conservatory, una inmensa área natural de árboles y flores tropicales que sirve de hogar a 60 especies de mariposas. En Big Pine Key se ven los venados de cola blanca, sobre todo en las primeras horas de la mañana y al atardecer. No cabe duda de que los Cayos son el hogar de una gran variedad de aves, como los pelícanos marrones, el cuco de manglar, las águilas americanas, las garzas...

Hermoso atardecer
Un ritual habitual es caminar por el puerto, para luego esperar la puesta del sol. Ya en la noche, Key West renace entre bares y cantinas, discotecas y grupos musicales. Merece la pena dejarse caer por los pubs «Capitan Tony» y «Sloppy Joe's». Son los más antiguos, frecuentados en su día por Hemingway. Otra de las citas es el famoso Carnaval de Cayo Hueso, conocido por su atrevido desfile de máscaras.
Una sugerencia: déjese llevar por los románticos amaneceres y atardeceres. Instantes en que se revitaliza el mito eterno de Hemingway. Su espíritu vaga por las calles, en el viento marino y en el encanto de vivir a plenitud este momento.

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