Una huelga de trabajadores paraliza Egipto

Después de haber conseguido la libertad, ahora es el turno de las reivindicaciones laborales: tener un trabajo y un sueldo decente. Una de las consignas de la revolución del 25 de enero era precisamente «dignidad humana», en un país donde el 40% de sus 80 millones de habitantes vive en la pobreza, que afecta especialmente a los jóvenes, entre los que la tasa de paro supera el 30%.

Vista aérea de la plaza Tahrir, el epicentro de la revolución, que ha sido desmantelada por los militares
Vista aérea de la plaza Tahrir, el epicentro de la revolución, que ha sido desmantelada por los militares

Tras la caída del presidente Hosni Mubarak, el pasado 11 de febrero, los trabajadores y desempleados han tomado las calles de la ciudad y piden impacientes mejoras económicas. El Ejército se dirigió ayer de nuevo a la nación a través de un comunicado emitido por la televisión pública y exigió a los egipcios que abandonen las huelgas porque en estos momentos excepcionales «afectan a la seguridad y a la economía del país», y podrían ser aprovechadas por «personas irresponsables» para desestabilizarlo.

Los militares egipcios pidieron la colaboración de los sindicatos y colegios profesionales, y la cooperación de toda la población para limitar el impacto económico, cuyas pérdidas se estima que alcanzan los 6.200 millones de dólares, y devolver al país a la normalidad.

Aun así, el Ejército reconoce las«legítimas» demandas de los trabajadores y no ha prohibido ni lashuelgas ni las reuniones sindicales, tal y como se temía que podíallegar a hacer para detener las manifestaciones y huelgas que seextienden a muchos sectores de la economía, especialmente las empresas estatales, así como a los ministerios, donde la revolución todavía no ha tenido lugar.

Ayer en El Cairo se manifestaron los trabajadores del transporte público y los conductores de las ambulancias hicieron huelga, al igual que los empleados de la aerolínea estatal Egypt Air, que ha cancelado muchos de sus vuelos, afectando aún más al sector del turismo, cuyos trabajadores también han empezado a levantar la voz. Los temores financieros mantuvieron ayer los bancos cerrados, por orden del Banco Central, tras un día de parón de sus empleados, así como la bolsa, que no reabrirá esta semana, tal y como estaba previsto.

Los agentes de Policía volvieron a marchar en el centro de la capital para pedir mejoras salariales y limpiar su reputación, tras la violencia ejercida contra los jóvenes anti Mubarak. Los funcionarios del Ministerio del Petróleo también organizaron una protesta a las puertas del mismo, al igual que los del Consejo Supremo de Antigüedades, donde se dio una de las mayores concentraciones de ayer, desde por la mañana hasta bien entrada la tarde.

Decenas de jóvenes arqueólogos pedían trabajo, levantando sus currículums vitae frente al edificio del órgano que se encarga de los tesoros faraónicos: dos chicas recién licenciadas en Egiptología aseguraban a LA RAZÓN que lo único que quieren es poder trabajar.

Pero los arqueólogos también pedían la cabeza del jefe de las antigüedades, Zahi Hawas, que está siendo blanco de las críticas por haber ocultado el robo de piezas destacadas del Museo Egipcio y que sólo ahora sale a la luz. Sus empleados, además de exigir mejoras laborales, coreaban: «Fuera Zahi» y «Él se irá, nosotros no nos iremos», imitando las consignas que se gritaron durante dieciocho días en las calles de Egipto contra el presidente Mubarak. Y es que ahora los manifestantes parece que pretenden desmantelar todo el régimen árabe, desde el mismo faraón hasta los escribas.

Nadie duerme en Tahrir

Los ministros símbolo de ese sistema autocrático están cayendo poco a poco y siendo investigados, pero los empleados exigen el fin de la corrupción en todos y cada uno de los órganos de la administración. Mientras, en la plaza Tahrir, cada día grupos de personas se manifiestan con nuevas y diversas demandas.

Ya nadie duerme en Tahrir, pero por el día sigue siendo el escenario de una revolución heterogénea y diversa que continúa, en estos momentos de la mano de los obreros y vigilada por la Policía militar, que, con sus boinas rojas, está sustituyendo a los militares en el centro de El Cairo.


Los Hermanos Musulmanes crearán un partido
Los Hermanos Musulmanes, el principal movimiento opositor egipcio hasta el surgimiento de la revuelta contra Mubarak, anunciaron ayer la creación de un partido político. La nueva formación será instituida una vez que las anunciadas enmiendas de la Constitución entren en vigor y que hasta ahora han impedido este paso, explicaron en un comunicado recogido por el diario egipcio «Al Masry al Youm». Los islamistas manifestaron además su confianza en el compromiso del Consejo Supremo de las Fuerzas Armada de redactar las enmiendas constitucionales en un plazo de diez días y convocar un referéndum para su aprobación en dos meses.