Europa

Europa delicada

La Razón
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La semana pasada, reunidos los banqueros centrales de 27 países, acordaron los parámetros de lo que será Basilea III. En la nueva regulación se aumentan los requisitos de capital para los bancos, pero se les da un plazo de hasta ocho años para cumplir con la nueva normativa.

Aumentar los requisitos de capital para la banca, así como ajustar la definición de lo que supone capital de categoría I, es positivo. Sin duda, aumentará la solvencia del sistema financiero y reducirá el riesgo sistémico en futuras crisis financieras. Lo que resulta sorprendente es que tome tanto tiempo llegar hasta allí.

Se nos dice que no se quiere arriesgar una potencial recuperación económica, pero lo que se sospecha es que particularmente en Europa quedan muchas pérdidas por aflorar. Los problemas del sistema financiero español, así como sus «stress tests», han recibido abundante publicidad. No es éste el caso de Alemania, donde no todos los resultados se hicieron públicos y los que lo fueron resultan más que sospechosos.

Veamos el caso de Deutsche Postbank, banco que pasó el test y será próximamente comprado por Deutsche Bank. Su capitalización es de 5.427 millones de euros, y Deutsche Bank, que ya posee el 25%, tendrá que desembolsar algo más de 4.000. ¿Por qué entonces amplía capital por 9.000 millones?

Ellos sabrán, pero un vistazo al balance revela que compran un banco en situación límite. A 30 de junio, Postbank tenía 5.400 millones de recursos propios comparado con unos activos de 242.000. De estos, 63.000 millones en la cartera de inversiones, de los cuales 5.600, es decir, más que el total de sus recursos propios, estaban en productos financieros estructurados.

No nos dicen exactamente qué son estos productos, pero sabemos que los bancos alemanes fueron notorios por sus masivas compras de hipotecas basura americanas y productos de semejante calidad, cuyas pérdidas hasta ahora no han salido por ninguna parte.

El plazo de ocho años se dará por muchas razones, pero sobre todo porque hay mucho banco por ahí, y no precisamente español, que, como diría un castizo, está en pelota picada.