Ponce y Marín triunfan en Barcelona

La Monumental (Barcelona). Feria del Mediterráneo. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, el 6º, Parladé, nobles en general y desiguales de presentación, 3º y 4º, los mejores. Media entrada. Enrique Ponce, de azul purísima y oro, pinchazo, estocada (palmas); pinchazo, estocada (dos orejas). Morante de la Puebla, de verde aceituna y plata, pinchazo hondo (silencio); pinchazo, siete descabellos, aviso (palmas). Serafín Marín, de grana y oro, estocada (dos orejas); estocada casi entera (saludos)

Ponce y Marín salen a hombros, ayer, en Barcelona
Ponce y Marín salen a hombros, ayer, en Barcelona

Enrique Ponce ha resultado triunfador junto con Serafín Marín, que había entrado vía sustitución en la corrida de este domingo en Barcelona. Ponce tuvo un primer ejemplar que se dejó todas sus fuerzas en el caballo, y aunque fue noble, apenas sirvió para que el torero pudiera mostrar detalles pintureros, pese a que la veteranía del diestro, que supo cuidar muy bien de su adversario, hizo que éste se viniera poco a poco arriba. La faena fue también de menos a más. El triunfo del valenciano vino, sin embargo, ante el cuarto, con el que se dobló en el principio de una faena en la que fue increpado por un sector de la plaza hostil al torero. Le recriminaban la poca proximidad entre el diestro y el animal. El grito de estos espectadores hizo a Ponce poner toda la carne en el asador para sacar partido del buen ejemplar que tenía ante sí. Cuajó muletazos por ambos pitones y se adornó con desplantes y detalles toreros. Un pinchazo al primer intento hizo que el presidente se mostrara reticente a la hora de conceder los dos apéndices que el público solicitaba. La insistencia de la petición obligó finalmente a concedérsela.

Serafín Marín, que fue el otro gran triunfador, tuvo un par de sustos al quitar por gaoneras al segundo de la tarde, de los que afortunadamente salió ileso. Al primero de su lote lo recogió con unas verónicas sacándoselo a los medios, y ya con la muleta comenzó a pies juntos con unos ayudados por alto. Siempre por encima de las condiciones del animal, citó muy de largo en las primeras tandas para llevar a éste de alante a atrás en muletazos muy templados, fundamentalmente en redondo. No fue larga la faena, ya que el animal no permitía mucho más. Ante el que cerró plaza lo intentó pero el animal apenas pasaba y se quedaba con bastante peligro.

No tuvo suerte Morante de la Puebla, ya que pechó con el lote más deslucido. Su tarde, sin embargo, estuvo plagada de detalles. Los primeros olés de la tarde se escucharon cuando saludó de capa a su primero, un animal sin recorrido y que terminó parándose. De nuevo brilló con el capote ante el quinto, al que comenzó su faena con unos ayudados que dejaron muy buen sabor de boca. La falta de casta del morlaco impidió que su labor tomara dimensiones.