Gadafi deja sin agua a Trípoli

A pesar de que la violencia en Trípoli remite, la ciudad sigue en estado de guerra y los suministros son un verdadero problema para la población, que sufre cortes de agua y luz, y no tiene pan ni otros bienes básicos. El Consejo Nacional Transitorio, que aún no se ha trasladado de Bengasi a Trípoli por razones de seguridad, asegura que el control de la capital no pasa sólo por los combates sino también por la economía.

Rebeldes libios se abrazan, ayer, en Trípoli
Rebeldes libios se abrazan, ayer, en Trípoli

El presidente rebelde, Mustafa Abdel Yalil, aseguró a LA RAZÓN que sus fuerzas están trabajando para solucionar los problemas de suministros, causados principalmente por el sabotaje de los fieles del régimen. Un portavoz del CNT explicó a este diario que los propios rebeldes cortaron el agua corriente en Trípoli porque sospechaban que había sido envenenada por Gadafi, pero que ya hay técnicos sobre el terreno intentando restablecer el suministro a través de fuentes alternativas y vigilando que el agua que llegue a la población sea de buena calidad.

Por si acaso, un barco con 4.000 galones de agua potable debería llegar a Trípoli desde Malta, según Shams Eddin, al igual que gas y petróleo, que han escaseado en los pasados meses en la capital. También falta liquidez en los bancos, debido a las sanciones impuestas contra Gadafi, y la inflación se ha disparado.

La situación más preocupante y dramática en la capital es la sanitaria, sin personal ni suministros médicos suficientes. Esto podría mejorar notablemente en los próximos días si los rebeldes consiguen mantener el control sobre el paso fronterizo de Ras Ajdr en la frontera con Túnez y que es una de las principales vías de acceso y suministros para la ciudad.

Garantizar los servicios básicos a la población es uno de los principales retos del CNT, que ayer aseguraba una vez más que puede mantener la seguridad y estabilizar el país sin necesidad de ayuda externa, negando la posibilidad de que una fuerza internacional se encargue de la transición, como pretende la ONU. El jefe del CNT dijo que, como mucho, aceptarán la ayuda de tropas árabes o musulmanas en suelo libio. Pero las nuevas autoridades tendrán que dotarse de fuerzas de seguridad propias, reciclando las de Gadafi e integrando a todos los civiles que han tomado las armas en los pasados meses. En Bengasi, hace tiempo que se comenzó a registrar a todos los combatientes rebeldes que tienen un arma, que muchos de ellos han adquirido con sus ahorros en el mercado negro.

Ahora, «todos los combatientes que han participado en la batalla por Trípoli están identificados así como su arma», explicó Shams Eddin, pero tanto en la capital como en Bengasi la mayor parte de los hombres dispone de un kalashnikov. El CNT admite que esto representa un problema de seguridad, pero espera que en el plazo de un año se haya llevado a cabo el desarme. Un combatiente decía que todos estarán dispuestos a dejar su arma, de la que no se han separado en meses, cuando las cosas estén totalmente bajo control, cuando no queden elementos gadafistas sueltos.

Sin miedo a «agitadores»

En ese sentido, el CNT niega que de los restos del régimen pueda nacer una insurgencia. «Seguirá habiendo "agitadores", esto lo sabemos, que buscarán causar problemas, como lo han estado haciendo aquí en Bengasi y como lo están haciendo en Trípoli, pero no podrán actuar durante mucho tiempo más y se tomara medidas», declaró Shams Eddin.

En el plano político, los miembros del régimen que no hayan aún desertado o que lo hayan hecho en los últimos días «no tienen futuro» en Libia y serán juzgados, incluido el propio presidente rebelde, que fue ministro de Justicia de Gadafi y que ha prometido que se presentará ante la justicia para pagar por sus crímenes.