La sangre de los inocentes

Dirección: Gerardo Herrero. Guión: Nicolás Saad, según la novela de I. del Valle. Intérpretes: Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Jordi Aguilar. España-Lituania, 2012. Duración: 114 min. Thriller.

La RazónLa Razón

La última película de Gerardo Herrero se abre con una imagen poderosa, la de unos caballos congelados, enterrados en la nieve del frente ruso, en las acaballas de la Segunda Guerra Mundial. El plano, puro surrealismo macabro, parece reanimar la memoria del Guernica picassiano, sentando las bases de una atmósfera que quiere reflejar la locura vivida en las trincheras. Es una pena que Herrero olvide la fuerza de esa imagen primigenia entregándose a resolver un «whodunit» de corte clásico, que con frecuencia desaprovecha la complejidad moral del marco en que se desarrolla. Es encomiable el esfuerzo de explicar un episodio oscuro de nuestra posguerra, la intervención de la División Azul en la lucha europea contra la pesadilla comunista. También lo es desplazar uno de los arquetipos del «psychothriller» a un contexto, el bélico, que le resulta completamente ajeno. ¿Por qué, entonces, la película no funciona? Porque la realización es plana como una tabla de planchar. Porque los diálogos son artificiosos. Porque las interpretaciones son afectadas: excepto por Sergi Calleja. «Silencio en la nieve» es «La noche de los generales» pero sin el suplemento enfermizo: ni siquiera el recurso a un mantra psicopático nos perturba.