La Fiesta irrumpe en el siglo XXI

Toreros, empresarios y periodistas coinciden en un encuentro de LA RAZÓN en Sevilla en que el toreo debe adaptarse y hacerse «atractivo para el gran público»

Espartaco es recibido por la marquesa del Pedroso de Lara. Curro Romero, el filósofo francés Francis Wolff y Enrique Miguel Rodríguez
Espartaco es recibido por la marquesa del Pedroso de Lara. Curro Romero, el filósofo francés Francis Wolff y Enrique Miguel Rodríguez

Según Curro Romero, lo más difícil no es hablar, sino guardar un prudente silencio siempre que no se hable con sensatez. Hablar por hablar, no. Por eso, la noche del viernes, toreros, empresarios, ganaderos y periodistas esgrimieron argumentos y estrategias para un obligado, cada vez más obligado, «aggiornamiento» de la Fiesta Nacional. En el Gran Meliá Colón de Sevilla y, coincidiendo con el arranque de la temporada taurina, LA RAZÓN, bajo la presidencia de José Manuel Lara y Consuelo García Píriz, marqueses del Pedroso de Lara, organizó el encuentro, que discurrió en torno al presente y futuro de los toros. En la mesa, el ganadero Eduardo Miura reclamó la necesidad de establecer una estrategia de todos los integrantes del mundo del toro y aunarlos en una sola voz que se haga fuerte ante la Administración. «Se trata de encontrar –dijo Espartaco– un representante, un profesional, un canal que nos conduzca porque a este paso, quizá mis hijos acaben por ver la desaparición de algo tan profundo y necesario». El futuro, en esto hubo consenso general, pasa por, en palabras del diestro de Espartinas, «hacer atractiva la fiesta para el gran público. No podemos estar fuera del mundo. Los toros tienen que irrumpir en el siglo XXI, sin complejos». Una tesis compartida por el crítico taurino de Onda Cero Ignacio de Cossío.En la mesa saltó, inevitable, el debate sobre la prohibición de los toros en Cataluña. Y por insólito que parezca, algunos de los más insignes representantes que defendieron en el Parlament la Fiesta, tuvieron que abonar de su bolsillo el hotel. Sirva, como ejemplo del grado de desorganización del estamento taurino, que ni siquiera ante su mayor reto ha sido capaz de defender su parcela, aunque sólo fuera en términos estrictamente económicos, de aporte a la riqueza y actividad industrial del país. Francis Wolff, filósofo parisino y pregonero en 2010 de la Feria taurina de Abril, abundó en que los toros tienen que ser motivo de alegría, en la línea de su ensayo «50 razones para defender la corrida de toros», un revulsivo intelectual que dota a los taurinos y, a los que nunca han sido aficionados, de ideas de peso, cargadas de sentido común, para disfrutar de una tarde de toros «sin complejos». Carlos Herrera evocó su infancia barcelonesa, de la mano de su padre cuando lo llevaba a los toros, con Las Arenas y La Monumental, alternándose, una semana por otra, en dar corridas de gran nivel. «Las Arenas ya no existe y La Monumental pueden comérsela los jaramagos por culpa de estos individuos», dijo en alusión a los prohibicionistas. Fue cuando Curro, sereno, recordó algunas de sus tardes por toda la geografía española. «A Mallorca iban barcos cargados de toros. La afición extranjera era enorme. Pero a mí, que todo el mundo me perdone, donde siempre me ha gustado torear es en Sevilla», dijo el maestro en uno de los lujosos salones del Meliá Colón, histórico hotel de toreros y aficionados, lugar de vísperas impacientes de la semana de farolillos del ciclo de abril. A partir del lunes y hasta el domingo 25. Siete días donde se concentra todo el sabor del universo taurino, donde sobrevuelan el triunfo y los fracasos. Allí, en La Maestranza, un hombre se juega la vida para sentirse orgulloso de serlo, derrotando, por un instante, a la muerte.