Anne el talismán de Manuel Valls

Desembarcar en el Ministerio francés del Interior es para Manuel Valls una suerte de consagración tras algo más de tres décadas en la política. Un triunfo cosechado no sin pena ni esfuerzo para este francés de pro, aunque catalán de sangre y sentimiento, que se enroló en el Partido Socialista galo con sólo 17 años, antes incluso de recibir la nacionalidad del país vecino. Se ha ganado la fama de nadar contracorriente y que ha pagado su rebeldía ideológica con años de ostracismo y travesías por el desierto. Pero además del tesón y la tenacidad que están inscritos en el ADN del político de raíces ibéricas, una buena estrella parece guiarle. Ese talismán no es otro que su esposa, Anne Gravoin. Porque si su trayectoria ascendente ya dejaba presagiar un destino prometedor, en los últimos años su carrera política ha dado un salto exponencial.

Su «enamorada», como él suele llamarla, no es sólo su mejor y más fiel apoyo. También, la artífice en buena parte del moderno y elegante look del ahora flamante ministro, con el que habría ejercido de «coach» personal para limar las asperezas de una austera imagen cultivada durante años. Además de prodigarle sabios consejos sobre cómo hablar al público o seducir a una cámara. Una actividad que la amantísima esposa desarrolla profesionalmente a la par que su pasión por la música, ámbito en el que se ha labrado una cierta popularidad.

No en vano «Madame Valls» es una virtuosa de las cuerdas. Primer premio, por unanimidad, de violín y música de cámara del conservatorio superior de París, miembro de la Fundación Menuhin desde 1986, Anne Gravoin ha recorrido las escenas de medio mundo como solista y también junto a orquestas de renombre. Aunque amante de la música clásica, la violinista, que no reniega del género más popular, ha colaborado con grandes de la canción francesa como Charles Aznavour, Françoise Hardy o Laurent Voulzy. Y no duda, cuando la ocasión se presenta, en poner su maestría al servicio de la televisión, el teatro o la publicidad. E incluso en arrimar el hombro a la causa política de su marido haciendo sonar algún acorde en uno de los videoclips de campaña de François Hollande.

Pasión por Mozart
Son inseparables, aunque la suya es de esas historias de amor que funcionan de segundas. Se conocieron a finales de los años ochenta, pero nada cuajó entonces y las circunstancias decidieron poner tiempo y distancia de por medio. Tres años después, él se casaba con su primera esposa, Nathalie Soulié, compañera de universidad y madre de sus cuatro hijos. Cuando sus destinos volvieron a cruzarse, se produjo «el flechazo», como el mismo Valls confesaba en un programa de televisión en octubre de 2010, una de las escasas apariciones del político, habitualmente celoso de su intimidad, para hablar de su vida privada. Era sólo unos meses después de que la pareja, que llevaba ya un tiempo juntos, decidiera contraer matrimonio.

Además de la pasión por Mozart, de momento se desconoce si Anne comparte con su marido el gusto por la política. Aunque sí se sabe que entre ella y la nueva primera dama de Francia la sintonía es buena. «Valérie se lleva muy bien con mi esposa», decía Valls recientemente.