Literatura

Literatura mendicante

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

El trasiego de gente permite imaginar extensas colas de compradores-lectores mendigando una dedicatoria y media sonrisa. Sólo las he visto en El Corte Inglés con escritores de renombre como Ussía o Ana Botella. En el reducido universo literario de Sevilla, las estrellas se reducen a prolíficos e incansables como Nicolás Salas o diseccionadores de animales –políticos y de compañía– como el afable Antonio Burgos (José María Pemán para los no iniciados). El resto figura con letra pequeña en el cartel y los paseantes no serían capaces de llamarlos por su nombre si no estuviera escrito en letra bien hermosa en uno de los ejemplares que firman. Lo firma porque lo escribió de su teclado y letra, porque lamentablemente el recuento al final de la jornada será escaso. Ni Eduardo Mendoza ni Pérez Reverte, inquilinos del Olimpo, sufrirán el vacío porque son legión los analistas de su obra que arrancan conclusiones de sus textos que el autor ni imaginó. La orfandad del escritor se afronta en solitario, muchas veces no se supera. Vender es cuestión de marketing y el marketing no funciona sin nombre propio. Por eso, si ven a un aprendiz de best-sellers, acérquense y aprovechen para saber algún detalle extra sobre ellos. Si luego no les gusta, siempre pueden dejarlo en la mesita por si algún intelectual impertinente les pregunta qué libro están leyendo.