Martillos y clavos

Es bueno ver cómo Obama, desde una academia militar, hace de la necesaria presencia de valores en nuestra vida –vuelve a hablar de deber, honor y Patria– asunto de Estado.

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Robert Kagan cuando analiza magistralmente en su libro «Poder y debilidad» las relaciones entre EEUU y Europa en el nuevo orden mundial, nos recuerda un viejo dicho sajón: «En cuanto se tiene un martillo, todos los problemas empiezan a parecer clavos; pero si no se tiene un martillo, no se quiere ver nada que se parezca a un clavo».Las crisis económicas y sociales tienen su lado positivo si se sabe cambiar el rumbo de la nave a tiempo con habilidad y pulso firme. Los norteamericanos saben aprender de sus errores. Acaban de dar forma a su nueva Estrategia de Seguridad Nacional revisando y dando por superado aquello que escribían en septiembre de 2002: «EEUU posee una fuerza y una influencia sin precedentes y sin parangón en el mundo, sostenidas por la fe en los principios de libertad y en el valor de una sociedad libre».Recientemente (22 de mayo) el presidente Obama lo adelantaba en West Point con motivo de la graduación de nuevos oficiales y cinco días después remitía al Congreso el documento de 52 páginas que recoge año y medio de su pensamiento, ya anticipado en múltiples comparecencias como la de El Cairo –«mi país no está en guerra contra el islam»–, buscando el acercamiento a Rusia, vital para el control de armamento nuclear y para el esfuerzo afgano y finalmente ofreciéndose para revitalizar a las Naciones Unidas y otras alianzas internacionales.Algunos analistas han querido ver en el documento el fin de la filosofía que sustentaba la guerra preventiva; otros el fin de la era Bush; otros un guiño a sus electores, que han perdido confianza en el, lógicamente desgastado por la acción de gobierno que tanto separa lo posible de lo deseable.Obama, que sigue manteniendo el mismo equipo de Defensa que heredó de Bush, demuestra ser práctico, consciente de que la crisis económica le obliga a ser prudente y que las decisiones tomadas en caliente tras la tragedia del 11-S no dieron resultados suficientes a pesar del enorme esfuerzo en vidas y sacrificios de su sociedad y de las nuestras.Lo reconoce en West Point: «Es un honor extraordinario hacerlo aquí –les dice a los futuros oficiales–, donde tantos hombres y mujeres se han preparado para proteger a nuestra sociedad y representar lo mejor de nuestro país». Y les habla pasando un mensaje a sus votantes. Porque Obama intenta rescatar para el pensamiento progresista, valores como los que rigen en las Fuerzas Armadas, que tradicionalmente se vinculan a los conservadores. Porque sus izquierdas le siguen acusando de no ser consecuente con el premio Nobel de la Paz que aceptó en Oslo y las derechas de dar demasiadas informaciones al enemigo sobre despliegues y plazos de finalización de misiones en el exterior que dan aliento a una insurgencia que sigue pensando: «Los relojes son vuestros; el tiempo es nuestro».La humildad siempre ha sido un buen instrumento político. No es sólo una virtud. Obama reconoce que su «martillo» no es la solución total a los problemas en que vive inmersa nuestra sociedad, cuando apela a la cooperación internacional, cuando recoge y respeta a los países emergentes como China, India o Brasil. Cuando dice preferir el abanico abierto del G-20, al selectivo y más cerrado G-8. Y cuando admite: «Nuestros adversarios, quisieran ver cómo agotamos nuestras fuerzas tratando de extender exageradamente nuestro poder». Obama ha recordado a algún profesor de Historia que le enseñó a estudiar por dónde arrancaron las crisis de los imperios, llámese romano, llámese español, llámese británico; o a cuántos kilómetros de París o de Berlín se agotaron las tropas de Napoleón o de Hitler.Por supuesto, el documento contiene más referencias, porque «clavos» siguen y seguirán existiendo. Véase cómo evoluciona la crisis de las Coreas o cómo termina la aventura de la provocadora expedición naval humanitaria a Gaza. Pero baja el tono. A los insurgentes de Al Qaida les tilda de «personajes situados en el lado equivocado de la historia». Le preocupa la franquicia africana del Sahel que nos afecta a nosotros y a otros países europeos. Dos compatriotas nuestros llevan seis meses secuestrados en esta indeterminada falla estratégica situada en las altas tierras del sur del Sahara. Imaginamos los esfuerzos ímprobos de algunos diplomáticos y de nuestros servicios de inteligencia. Algún día sabremos por qué cloacas y chantajes se pierden estos esfuerzos.Consecuente, Obama nos recuerda a los europeos –titubeantes ante el esfuerzo afgano– que una posible derrota en el país asiático sería mas peligrosa para Europa que para los EEUU.Es bueno que el martillo no se sostenga en una sola mano. Pero que nadie piense que no surgirán clavos. La cuestión es saberlos manejar. No es malo el nuevo manual de uso, recogido en su Estrategia de Seguridad Nacional.Es bueno para nosotros ver cómo Obama, desde una academia militar, hace de la necesaria presencia de valores en nuestra vida –vuelve a hablar de deber, honor y Patria– asunto de Estado, y nos obliga a reflexionar sobre la arriesgadísima política educativa que llevamos a nuestras academias militares o sobre la constante injerencia partidista en nuestras costumbres y tradiciones consolidadas.En resumen, ya sería suficiente el documento para concienciar a toda la sociedad de los riesgos en los que vive, porque clavos seguirán surgiendo. De cómo manejamos el martillo se trata.