El negocio solidario por Martín Prieto

El catolicismo será antiguo, claro que sí, pero es capaz de movilizar de corazón a millones de jóvenes. La izquierda prefiere otras solidaridades, pero siempre en grito en pecho, con poca caridad

Elena Valenciano, ¿Gubernamental  o no gubernamental? La caridad empieza por uno mismo, según la sabia advertencia cristiana, pero la solidaridad mal entendida empieza por el bolsillo del otro, o del Estado
Elena Valenciano, ¿Gubernamental o no gubernamental? La caridad empieza por uno mismo, según la sabia advertencia cristiana, pero la solidaridad mal entendida empieza por el bolsillo del otro, o del Estado

La cita madrileña de los jóvenes con el Papa nos deja el valor añadido de una semana políticamente despresurizada en la que hasta los mercados y las bolsas se han mostrado clementes. Es como si nadie se atreviera a subirnos la prima de riesgo mientras Benedicto XVI pisa suelo español. Uno de los argumentos más tontos de los raros que quisieran prohibir la visita del obispo de Roma es que su coste es oneroso para el Estado, en tiempos de crisis, y por tanto para el contribuyente. Pepiño Blanco, ministro de Fomento y Portavoz, ha desmentido tal supuesto, pero debe tener poca credibilidad porque «indignados» y ateístas le han hecho oídos sordos y han continuado con la carga, la murga y la monserga. ¿Y qué? Al lado de tanta solidaridad remunerada y negociada no resultaría una dilapidación que el Gobierno corriera con gastos del ilustre visitante que arrastra tantos clientes a España. No existe nada más gubernamental que una Organización No Gubernamental, que resulta más gubernativa que el Gobierno.

La tengo en ley a Elena Valenciano, de la ejecutiva federal socialista, secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE y jefa de campaña del candidato Rubalcaba, aunque sólo sea por la cara de resignación con que aborda su último cometido. En horas libres preside la ONG Mujer, por la que se han escoñado buscando el nombre, que no da de comer ni medicinas, sino que exporta ideología de género a países subdesarrollados. Dulcísimas objeciones a Valenciano: su ONG se nutre del dinero que regala su amigo el ministro de Industria, sus colegas del Instituto de la Mujer, su correligionaria la ministra de Sanidad, Leire Pajín, más los óbolos que aporta el Justiciero de las Mujeres desde La Moncloa. En tiempos de paro, Valenciano emplea a algunas mujeres y eso es edificante, pero los funcionarios remunerados de la solidaridad tintan de sospecha a tanta ONG de «fulanitos sin fronteras y sin escrúpulos». Si se hiciera una auditoría externa a todas nuestras ONG, supondría la caída del imperio romano solidario de todos los que lo son por una foto en «Hola». A George Clooney le dio por implicarse en los problemas de Darfur y fue acusado de oportunista por engordar su propia fama. Contraatacó mostrando los cheques que evidenciaban que todo lo que hacía por el crucificado territorio salía de su bolsillo personal. Lamento poner a Valenciano de paradigma, pero ¿cuánto dinero aporta a su ONG ? Menos mal que la mano derecha no debe saber lo que hace la mano izquierda. La comida no llega a Somalia o se desvía en origen, o es apropiada por los rebeldes o por las tropas de la Organización para la Unidad Africana allí desplegadas para rascarse el ónfalo mientras roban. La caridad internacional institucionalizada es un pudridero y un aguamanil para lavar conciencias.

CUERNOS DE AGOSTO

Las fiestas taurinas de agosto se saldan cada año con las mismas sangrías funerales en un recordatorio de que el hombre no tiene enmienda. No se trata de prohibir o no el toreo, que a la postre es arte que realizan los profesionales, sino de jugar con toros resabiados de tanto ir de pueblo en pueblo, como ese «Ratón» que sube su caché cada vez que ensarta a un cristiano.
Los mozos pagan más si aumentan sus posibilidades de morir. En esta fauna, el único animal inteligente es «Ratón», que ni siquiera es asesino como le tildan, sino un noble bruto que se defiende con diligencia de los fantasmas que le acechan. En Cataluña se da mucho eso de prohibir la tauromaquia y aplaudir esto de desparramar la muchachada entre los toros. En el colmo de tanta vulgaridad llegamos a que en los encierros los toros estresados se maten entre sí. Nadie que tenga alguna sensibilidad hacia éste animal totémico puede quedar indiferente antes estas sudorosas y agrias muertes a cornadas por imbecilidad o borrachera.