Laura Valenzuela: «El cine no me ha gustado nunca»

Imposible pensar que esté cerca de los 80, pero así es. En «Los subdesarrollados», de Fernando Merino, interpretaba a una mujer que quería saber si su marido le era fiel.

Laura Valenzuela
Laura Valenzuela

Steve McQueen no se consideraba un actor, decía que él sólo era un tipo que hacía películas: «No estoy seguro–añadía– de que la interpretación sea algo apropiado para un hombre hecho y derecho». Algo así, creo, le pasa a Laura Valenzuela (Laurita para muchos), que a pesar de sus 32 películas, el cine nunca le gustó porque no le atraía la ficción de ser otra y quizá –sólo quizá– porque un día decidió que no era un trabajo apropiado para una mujer hecha y derecha que disfrutaba saliendo en la tele y que muy en el fondo sólo quería (más o menos) casarse, tener hijos, arreglar armarios y ver crecer a sus nietos. Hablamos ahora con Laura de «Los subdesarrollados», la película que Fernando Merino dirigió en 1967 y que el próximo viernes regala LA RAZÓN.-Recuerdo que trataba –me dice– de una agencia de detectives especializada en investigar infidelidades, y yo hacía de señora casada que quería que investigaran a mi marido.-¿Usted llegaría a contratar a un detective para esos menesteres?-Nunca. Preferiría siempre someterlo a un tercer grado personalmente. Las mujeres sabemos preguntar muy bien. Y tenemos mucha intuición.-No tengo dudas. ¿Lo que más le puede doler es una infidelidad?-No. Lo peor es que el marido sea tan tonto que se le descubra con facilidad, que se delate en seguida. Porque entonces te preguntas: ¿y yo me casé con este idiota? Lo peor es que sea infiel y tonto.-¿Perdona una canita al aire?-No tuve oportunidad. Quizá las hubo, pero no me enteré. Yo prefiero no enterarme. No sé si perdonaría. Es una cuestión de orgullo.-Las mujeres ya son tan infieles como los hombres, pero son más difíciles de detectar sus infidelidades...-Nosotras somos más listas y presumimos menos. Creo que las mujeres infieles lo son casi siempre por venganza. Ahora, aguantar a un hombre en casa y a otro fuera, debe ser muy duro. Yo no valdría.-Usted ha sido, es, mujer de un solo hombre. Su hija Lara lleva varios. ¿Han cambiado las mujeres o ha cambiado la vida?-La vida. La liberación de la mujer tiene mucho que ver en esto. Antes se aguantaba más. Ahora no se aguanta ni un pelo, es más difícil conservar un matrimonio. La mujer tiene trabajo y dinero, dice adiós y se va.-Parece que se acabaron los amores eternos...-Quedarán en las novelas y en las películas.Laura, chaqueta roja y falda negra, melenita rubia con mechas rubias, devota de Balzac, se casó con un noctámbulo irredento: Dibildos escribía o hacía crucigramas toda la noche y se acostaba cuando ella, Laurita, se levantaba, o sea, que debieron hacer a Lara una mañana fuera de lo común en la que se saltaron el desayuno que para José Luis era la cena. Ya viuda, un día se enfrentó a los reporteros en un «photocall»: «¿Y por qué a mí no me inventáis un novio?»)-¿Por qué no se volvió a casar?-Nadie me lo propuso, no he tenido oportunidad de decir que no. Ahora ya es muy tarde. Bromas a los 79 años, no. -Empezó en el cine en el 54: «El pescador de coplas», «El inquilino», «La violetera»...-En «La violetera» tenía una frase. Era una espectadora que oía cantar a Sara Montiel. Tenía a mi lado un vejestorio que se suponía que era mi amante y que se comía a Sara con los ojos. Así que yo le decía: «Oye, ¿y qué tiene ésa que no tenga yo?».-Pionera en aquella TVE del Paseo de la Habana...-Yo era jefa de ventas de una empresa de martillos pilones. Y hacía papelitos en el cine. Me dijeron que buscaban chicas para la televisión. «¿Y eso qué es?», le pregunté a José Luis Ozores. «Una caja en la que se ve a señores que hablan», me dijo. Me hicieron una prueba: tenía que presentar a un bailaor. Sucedió que cuando estaba zapateando, la tarima se rompió y se le quedó un pie encajado. La cámara me enfocó y me hicieron señales de que dijera algo para aliviar el desaguisado: «Es tan bueno este bailaor –dije– que baila con un solo pie». Me aceptaron.-«Galas del Sábado» con Joaquín Prat: la pareja televisiva más recordada...-Había química entre nosotros. Nunca discutimos, nunca tuvimos ningún problema.-Y en el 71 interpreta «Españolas en París» y luego se casa con José Luis Dibildos. O sea, que el productor la quería sólo para él.-Sólo para él, para su casa, para su vida. El no sabía ni dónde tenía los calcetines. Y yo quería compartir mi vida con él, tener una casa, mis armarios y comprobar si podía cocinar. Nunca supe cocinar. No es lo mío.-¿Se ha arrepentido alguna vez de aquella retirada?-No. La verdad es que el cine no me ha gustado nunca. Odiaba hacer cine. No era yo. Tenía que ser otra y la otra que tenía que ser no me importaba nada. Creo que sólo me gustó «Españolas en París»...porque sabía que era la última.-¿No se sentía actriz?-Nunca me sentí actriz. Triunfé en la tele porque allí era yo, no tenía que representar un personaje.(Ya casada, José Luis le dijo: «Tú no vuelves a trabajar más», y Laurita, la de la sonrisa ideal, la que era una más en el saloncito de todos, aceptó sin penas ni quebrantos, «porque yo sólo quería ser la mujer del señor al que quería». Era en el 71. Casi veinte años después Valerio Lazarov logró que volviera a Tele 5, y José Luis accedió porque Lara insistió y «porque ya eran muchos años de casados y mi marido lo vio como una especie de vacaciones para él». Después, la etapa dura del cáncer. «Ahí sigue, dormido; tengo que tomar una pastilla diaria hasta agosto»).-¿Y si un día despierta?-Volveré a hacer todo lo que he hecho, pero yo a mi nieto mayor lo veo casado aunque lo tenga que casar muy joven...¿Sabe? Tengo muy bien la piel gracias a la «quimio». No tuve vómitos, no sufrí nada; llegaba de la «quimio» y me comía un bocadillo. Tuve suerte. Se me cayó el pelo, sí, pero fíjese lo que me ahorré en peluquería.-¿Y qué hace todo el día?-Me levanto pronto, hago las cosas de la casa, echo una mano a mi hija, estoy con mis nietos, paseo, leo, y hago crucigramas. Soy adicta, me lo contagió José Luis. A la televisión le ha sustituido la vida sencilla. No voy mucho de compras, soy rácana conmigo. Mire, esta chaqueta tiene 18 años, y me la sigo poniendo. Soy abstemia y hago «petit point». Ya ve, una vida plana, perfecta.(Le hicieron un «lifting» perfecto hace 20 años. Se siente querida por la gente. Laurita era la foto de la novia ideal que todos quisimos llevar en la cartera para presumir en la mili. Hoy, Laura es la señora que, mientras el caos se extiende, ordena armarios. Una mujer llena de armarios).