El final de las Madres S A

Hebe de Bonafini, la presidenta de la organización que luchó contra la dictadura, acusada de malversación 

Hebe de Bonafini, de la organización Madres de Plaza de Mayo de Argentina, junto a Sergio Schoklende
Hebe de Bonafini, de la organización Madres de Plaza de Mayo de Argentina, junto a Sergio Schoklende

Cristina Kirchner ha confirmado que va a pelear por la reelección en octubre. Sin embargo su escenario se ha vuelto oscuro después de que su amiga y presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, se haya visto envuelta en un caso de corrupción. Esta semana la Justicia ahondará en la investigación por irregularidades y corrupción en el manejo de fondos de las Madres de Plaza de Mayo y no se descarta que las pesquisas toquen de lleno a Bonafini. Sería un golpe duro para el oficialismo, que buscó hasta ahora blindar a la presidenta de Madres para evitar una mancha en la bandera de los derechos humanos que enarbolan los Kirchner.

Hasta ahora, Bonafini tira balones fuera e insiste en que los responsables del desvío de fondos de la Fundación –las auditoras estiman que podrían haberse malversado hasta 150 millones de euros– son los hermanos Sergio y Pablo Schoklender y «tienen que ir a la cárcel para siempre».

Resulta complicado entender por qué las Madres adoptaron a un mafioso parricida, cuyos huesos se pudrían en la cárcel, para darle la llave de sus arcas, llenas de dinero gracias al Gobierno K. Al final, Schoklender se paseaba en Ferrari, aviones privados y yates. Pero, ¿quién pudo tener la brillante idea de convertir a las Madres en quizás la empresa constructora de viviendas más activa de la ciudad a la vez que manejan una universidad propia, una imprenta...?

«El Gobierno no puede deshacerse del escándalo como si fuera un asunto privado tras haber invertido en ella al menos 300 millones de pesos para subsidiar los proyectos de vivienda de las Madres desde el 2003» asegura Michael Soltys, director del Buenos Aires Herald. «Algunas de las Madres (y Abuelas) de Plaza de Mayo han olvidado que sus días de gloria fueron cuando se oponían a la dictadura», agrega.

Criaturas kirchneristas
Sólo ahora, y de la mano de la opulenta vida de Sergio Schoklender, que se escondía detrás de bambalinas kirchneristas se corrió algo el velo de intereses, millones, contratos, favores y sobreprecios que se escudan detrás de las necesarias viviendas sociales.

El Gobierno colonizó Argentina con casas cuyos contratos eran manejados por los intendentes; sedujo a gobernadores con viviendas, pero sobre todo, llenó los bolsillos de los piqueteros convertidos en constructores y planificadores sociales. Engendros sindicalistas que se cuelgan la etiqueta peronista, criaturas que han ido engordando durante la dinastía Kirchner hasta volverse difíciles de controlar. Cancerberos de la Casa Rosada como Hugo Moyano, jefe de la CGT, envuelto en escándalos de corrupción o las propias Madres, repudiadas desde años por otras organizaciones como las Abuelas de Plaza de Mayo o la Línea Fundadora de las Madres.

A este respecto, el premio Nobel, Adolfo Pérez Esquivel, afirma a LA RAZÓN que el Estado «tuvo una gran responsabilidad» en el caso de Schoklender, porque debió «hacer el control sobre los recursos públicos, ya que se trataba de millones de pesos». Pérez Esquivel tomó distancia de las organizaciones, como las Madres de Plaza de Mayo que dirige Bonafini, pues asumen «una opción de acción partidaria».

Como cada jueves al mediodía, las madres desfilan en la Plaza. Dan algunas vueltas a la pirámide con sus pañuelos enfundados. Sorprende la comitiva que los acompaña: estudiantes, turistas y algunos escoltas con caras de pocos amigos. Bonafini es la reina madre, alrededor suyo un anillo protector separa a la prensa y a los fieles de la luchadora incansable. Cuando terminan la ronda, las Madres se suben a varios vehículos de la Asociación, algunos de ellos blindados y de lunas tintadas. Nada que ver con lo que viene después. Menor en número y seguidores, es el turno de la Línea Fundadora de las Madres de Mayo. Ellas vinieron a pie, en metro o en autobús. No tienen universidades, radios ni departamentos a su nombre; tampoco manejan fondos millonarios.

Las diferencias que provocaron la separación en el 86 fueron políticas, con críticas a la conducción de Bonafini en la asociación por supuesta falta de democracia interna y personalismo. Las otras Madres en cambio acusaron a Línea Fundadora de pertenecer al partido político oficialista y sus aliados, y de apoyar al presidente argentino, Raúl Alfonsín.
Irregularidades conocidas

Nora Cortiñas, de la Línea Fundadora, nos acompaña a la sede de la Asociación, a tan solo unas calles de la Plaza de Mayo, en microcentro. Un humilde departamento convertido en búnker de operaciones, decorado con las fotos en blanco y negro de los desaparecidos. «Nuestra Asociación tiene personería jurídica y total transparencia en sus actividades y manejo de recursos. Nunca hemos aprobado que nos representara nadie que no fuera una compañera en nuestras mismas condiciones. No hemos tenido ni tenemos relación alguna, más allá de nuestro común dolor, con la Asociación Madres de Plaza de Mayo».

Las irregularidades eran conocidas por quienes autorizaban la emisión de los cheques desde el Gobierno. De la mano de este hecho de corrupción, crecen los problemas electorales del oficialismo. Estirar los réditos del efecto luto hasta los comicios de octubre para seducir a las clases medias, formaba parte de la estrategia pautada desde la muerte del ex presidente, Néstor Kirchner. La sucesión de escándalos no ayuda a los sueños de reelección de la dinastía K.