África

El calor en su esplendor por José Antonio VERA

El calor en su esplendor, por José Antonio VERA
El calor en su esplendor, por José Antonio VERA

En España pasamos el verano aplatanados por temperaturas extremas que son siempre más duras en el interior. Particularmente en la Andalucía profunda que va de Ecija a Sevilla sin olvidar Córdoba o Jaén. Écija es la sartén de España, aunque cuando el calor aprieta no hay territorio que se salve. La solanera de Madrid es seca y ahoga, y en la Mancha abotarga, y el Murcia aturde. El «terral» malagueño es sahariano y animal. Mezclado con la humedad, entra ardiendo por la boca cuando sopla desde África. Imposible respirarlo. Hay que meterse en casa con todo cerrado, poner el aire y tener el agua a mano. Donde más calor he pasado en España, de todas formas, es en Sevilla. Al bochorno propio de la estación hay que sumar el de los aires acondicionados, uno por casa y coche, y el del cemento recalentado y las estructuras metálicas propias de las grandes urbes. Sencillamente un horno, que inhabilita para el trabajo y nos aplasta la cabeza.


Fuera de España recuerdo varias experiencias extremas. Una al sur de Túnez, a casi cincuenta grados. Hacia tanto calor que era mejor ir vestido que con poca ropa. Entendí perfectamente la razon por la que llevan sus largos hábitos los hombres del desierto: les protegen del sol, que abrasa. La segunda, en Cartagena de Indias (Colombia), a sólo 36 grados pero con el 90 por ciento de humedad. No parabas de sudar todo el día. Y la tercera en Phoenix, Arizona, en pleno desierto, a 120 grados Fahrenheit, o sea, 48 Celsius. En el resort en el que nos alojamos el agua de la piscina casi se evaporaba, y a las cinco de la mañana ya empezaba el atracón solar. Eso sí, en toda esa zona que va de Arizona a Nevada, y de allí a California, por el inconfundible Valle de la Muerte, se suceden algunos de los parajes lunares más bellos del mundo. Con tanto calor como el que al parecer pasan en Mexicali, en la Baja California, y también en alguna aldea del desierto libio de EL Azizia. Mexicali es, según algunos, la ciudad más calurosa del mundo. Viven allí un millón de personas, y dicen los que la han visitado que la sensación térmica es de 65 grados Celsius, porque la humedad relativa del aire puede llegar al 80 por ciento y las temperaturas pasan de los 50 con frecuencia, llegando hasta los 54 Celsius (130 Fahrenheit). Los nativos cuentan que «el viento quema, y el volante de los carros te abrasa las manos». En Ciudad Valles San Luis de Potosí registraron los termómetros 56 ºC en 1973, y por eso le llaman «el pueblo que corrió a chingar a su madre el demonio». «Cuando hace mucho calor –cuenta Tito en un foro de Internet– se nos forma una costra en la espalda, se nos quema la piel, el aire no se puede respirar y, si te vas a la alberca, se ve como sube el vapor sobre el agua. Hasta los pájaros se caen muertos».