Se busca al asesino del general Prim

Un equipo de criminólogos, juristas y médicos estudia los 74 tomos del sumario del asesinato, aún sin resolver tras 142 años, del presidente del Consejo de Ministros

Setenta y cuatro tomos contienen los miles de folios que componen el sumario abierto por el asesinato del general Prim, presidente del Consejo de Ministros, cuando fue asaltado en la calle del Turco de Madrid el 27 de diciembre de 1870, alrededor de las 19:30. Según se dice, en él están los nombres de los asesinos que no fueron castigados y también el pagaré con el que cobraron su sucio trabajo.

Prim recibió varias heridas en mano y hombro que, andado el tiempo, serían calificadas por el doctor Alfonso de la Fuente Chaos de poco graves, pero al parecer murió de las mismas el día 30. Una de las incógnitas es si el general Prim falleció de una infección, por una bala envenenada, de un mal diagnóstico de sus heridas o por haberlas curado peor.

18.000 folios

Entre las previsiones del estudio están la revisión de los volúmenes, todos escritos a mano por escribanos y secretarios de distinta calidad. En los primeros cuatro años de instrucción se acumularon 11.247 folios, llegando a los 18.000 en el momento de la conclusión. Según lo que se dice en libros de historia y testimonios de hemeroteca, al menos dos hombres, el jefe de escolta del duque de la Torre, el general Serrano, llamado por Isabel II «el general bonito» y la mano derecha del duque de Montpensier (el padre de María de las Mercedes) y el comandante Solís y Campuzano serían acusados de participar en el magnicidio. Fueron reconocidos por testigos pero dos jueces de forma inexplicable los dejaron fuera de la causa.
Algunos datos del sumario indican que fueron procesados 105 individuos, de los que tres fueron asesinados, quizás por lo que dijeron en el sumario. Se aportaron 2.621 testimonios.

Los forenses practicaron veinticuatro reconocimientos y redactaron mil doscientas quince notificaciones. Se tomaron más de dos mil declaraciones y hubo 89 careos. Al final de diez años de sumario, el tribunal hizo público su fallo afirmando que no sabía quiénes eran los culpables. Sobre las heridas de Prim había tres escuetos partes médicos y el examen de la autopsia.

A Prim le sorprendieron unos diez individuos armados con trabucos. Divididos en dos grupos, una tarde en la que nevó más que nunca, un grupo se acercó por la izquierda al coche en el que viajaba el general con sus ayudantes Nandín y Moya, y otro, por la derecha. A la voz de mando, abrieron fuego: tanto la víctima como su ayudante Nandín reconocieron por esa voz a un diputado republicano, José Paul y Angulo.

Se dice que una testigo reconoció a José María Pastor como uno de los componentes de la banda e incluso dijo haber recibido soborno de su mano para que no declarase. Pese a estos indicios de culpabilidad, el instructor sobreseyó los documentos que le implican y le puso en libertad.

En la parte que ya hemos revisado del sumario, aparecen constantemente los dos: Pastor y Paul y Angulo. Este último es un señorito de Jerez que se excede con el vino, republicano fanático, que se siente traicionado con Prim, pues éste no sólo no va a cambiar la monarquía por una república, sino que incumple la promesa de hacerle embajador en Londres como parecía haberle dicho.

Misteriosos asesinatos
Sobre Solís y Campuzano planean serios temores de que pueda demostrarse que estaban en el complot de noviembre contra Prim, sucedido días antes de que lo mataran. Un delator señala que fue Solís el que financió la operación. La Justicia comprobó el pago de grandes sumas de dinero de Solís y Campuzano a un tal Juan Rodríguez López, alias José López. Otros cómplices relacionados con este López también señalaron a Solís y Campuzano, pero los que no retiraron su acusación, fueron misteriosamente asesinados.

Igualmente se detectaron relaciones entre los tres: Solís, Pastor y Paul y Angulo. Se llegó a decir que Solís financiaba el periódico «El Combate», que editaba Angulo, y en el que se publicó que a Prim había que matarlo como a un perro. Al igual que con Pastor, un juez ordena la detención de Campuzano pero lo ponen en libertad sin cargos y nunca se celebra juicio alguno contra él. Hay indicios de que sí organizó el primer plan (el atentado que resultó fallido) y pudo igualmente preparar el segundo (el que acabó con su vida). Las investigaciones policiales indican que tanto Pastor como Solís y Angulo forman parte del núcleo de sospechosos de financiación, organización y ejecución del asesinato de Prim.

La lectura del sumario facilita el dato de que fueron 50.000 duros lo que cobraron Paul y Angulo por el trabajo. Se cree que José María Pastor, que recibía los pagos de Solís, que comandó la mitad de los asesinos. Paul y Angulo, la otra mitad. José María Pastor estaba a las órdenes del duque de la Torre y Solís era el hombre de confianza de Montpensier. La mano derecha de éste, el general Serrano, que ocupaba el puesto de Regente, envidiaba el puesto de Prim, que era el gobernante ejecutivo.

En los años 60, Pedrol Rius, que sería muchos años presidente del Colegio de Abogados, publicó «Los asesinos del general Prim», en el que, al final del franquismo, suavizaba la aspereza histórica de la muerte del presidente del Consejo de Ministros. Más que decir quiénes podrían ser los asesinos, Pedrol declaraba la inocencia de los isabelinos/ alfonsinos, es decir los Borbones, la dinastía que Franco en ese momento se preparaba para reinstaurar. Su libro es «acientífico», con ninguna referencia a frases del sumario.

La viuda de Prim, nada más llegar Amadeo de Saboya a Madrid, le dice que no tendrá que buscar muy lejos si quiere encontrar a los asesinos de su marido. Y significativamente señala al duque de la Torre que ha madrugado para hacerse con el poder, ocupando el Consejo de Ministros y que figura en el séquito.

En España, un país en el que no se desclasifican nunca los grandes secretos, puede ser un gran servicio acometer el estudio del sumario de Prim, ciento cuarenta y dos años después de su muerte. A Prim puede decirse que lo quería matar todo el mundo. Unos, por envidia, otros por rencor, los más porque era el hombre más poderoso de España, empeñado en cambiar el régimen y las personas que lo disfrutaban. Además, la facilidad de matarlo. Él creía en la invulnerabilidad que generan los héroes victoriosos de cien batallas. Prim decía que todavía no se había fundido la bala que le habría de matar, pero estaba equivocado.

En su famoso discurso de «los tres jamases», dijo que mientras estuviera vivo no permitiría que volvieran los Borbones, tras haber derrocado a Isabel II en la revolución llamada La Gloriosa. Los republicanos le tomaron por un traidor a sus intereses, puesto que no exterminaba la monarquía, los masones pensaban que estaba utilizándolos, sin hacerles verdadero caso. Los isabelinos no le perdonaban el desalojo del poder. Los partidarios de Montpensier sabían que era su peor enemigo, y los de Serrano, que «el general bonito» le tenía puesta la proa. Así que Prim hacía mal en confiarse y en pedirle a sus ayudantes que no fueran armados. Constantemente recibía avisos de atentado y amenazas.

Dicen que Paul y Angulo lo despidió advirtiéndole de que «a todo cerdo le llega su San Martín». Los masones preparaban el día del atentado una cena de la logia a la que invitaron a Prim, pero no fue. El general siempre se dirigía a su domicilio en el Ministerio de la Guerra por la calle del Turco, hoy Marqués de Cubas.

El gobernador de Madrid, recién nombrado, Rojo Arias, tenía noticia de un inminente atentado el día de la muerte de Prim, en Madrid, pero no reforzó la vigilancia en la calle, por la que pasaba dos veces al día. Por pura negligencia. En el sumario desfilan todo lo brillante y lo sórdido de la época, los personajes como Ruiz Zorrilla y Topete o como «el Majo de los Trabucos». Lo primero que se sabe que robaron del sumario fue una tarjeta triangular.

Como sospechosos de haber formado parte de la chusma asesina están los guardaespaldas de Paul y Angulo, que huyeron hacia la calle de La Greda (hoy Los Madrazo). En los propósitos de la comisión está el deseo de reconstruir el atentado con las armas de la época, calificar las heridas de Prim, según la autopsia, y los otros informes médicos, y recomendar, si procede, la exhumación de la momia de Prim para saber de qué murió. El sumario, sometido al examen de la comisión, será analizado por criminólogos, juristas y médicos. Los asesinos no podrán seguir ocultándose.

Un acto docente
En la comisión universitaria de estudio del sumario hay criminólogos, juristas y antropólogos forenses. Entre estos últimos destacan el catedrático de Medicina Legal Delfín Villalaín, el doctor José Antonio Lorente que intervino en el estudio de los huesos de Cristóbal Colón, la doctora María del Mar Robledo y el doctor Aitor Curiel López de Arcaute. Está propulsada por el departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela y en ella colaboran alumnos, porque investigar es también un acto docente.