Dustin Hoffman: «Tengo más años que el sonido»

Dustin Hoffman es uno de los actores indiscutibles del cine estadounidense, un hombre "con mucha suerte"que, sin embargo, dice que también ha cometido algunos errores en su carrera, como haber dicho no a Ingmar Bergman.

El actor estadounidense Dustin Hoffman bromea con los fotógrafos
El actor estadounidense Dustin Hoffman bromea con los fotógrafos

No recordábamos a una estrella de tanto relumbrón en la clausura como Dustin Hoffman, pero el atasco de Premios Donostia de este año propició que el actor lo recibiera en la gala de clausura, después de la cual se proyectó la primera cinta que ha hecho como director, «El cuarteto». Al contrario que el serio Tommy Lee Jones, que recogió el galardón el día anterior, el menudo protagonista de «El graduado» y «Cowboy de medianoche» derrochó carisma y buen humor, con lo que se ganó al público inmediatamente. El intérprete pidió permiso para quitarse la americana ante la Prensa que se había reunido para verle, acunó al recién nacido de una de sus colaboradoras y, sobre todo, se cubrió de optimismo para analizar el paso del tiempo, que es, en el fondo, lo que les ocurre a todos los que reciben un galardón a toda su carrera, pero además es la principal reflexión del guión de su filme. «Tengo más años que el sonido», apuntó con mucha ironía el veterano actor, que ya ha cumplido 75. Admitió que «ya sólo interpreto personajes en dos dimensiones, porque para mostrar la tercera hace falta más tiempo en pantalla y los protagonistas tienen 20, 30 o 40 años». No rezumaban, sin embargo, sus reflexiones amargura, como tampoco la película, ambientada en una residencia británica para cantantes y músicos de ópera: «Durante el casting encontramos a muchos artistas que serían capaces de seguir dedicándose perfectamente a lo que hacían, pero ya nadie los llama». Dustin Hoffman recurrió al símil de las Paraolimpiadas para animar a todos a que «no dejéis de hacer lo que os gusta, os lo dice el mayor de esta sala». Aseguró que ha tardado tantos años en ponerse detrás de una cámara porque tuvo una experiencia fallida, reconstruyendo en ficción la Batalla de San Quintín: «Me di cuenta de que no estaba preparado y eso me creó un trauma», reconoció sin perder en ningún instante la sonrisa. Aunque asegura que ha intentado no tropezar en los mismos errores en los que cayeron otros directores antes de él: «Cuando en un estudio un actor no se siente cómodo con la escena hay que cambiarla, no forzar al intérprete como hacen algunos».