La Berlinale en 3D

Wim Wenders llevaba más de dos décadas preguntándose cómo una película podría hacerle justicia al arte de su amiga Pina Bausch. Encontró la respuesta en las 3D, esa tecnología que devuelve al cine a sus esplendores primitivos –ese e atracciones más preocupado por el impacto visual que por el relato– y que protagonizó la jornada de ayer en la Berlinale

Wenders y Merkel, con gafas para ver el filme  del director en 3D
Wenders y Merkel, con gafas para ver el filme del director en 3D

Wenders celebró que las 3D incorporasen la dimensión del espacio en lo que se ve en la pantalla, con la consiguiente experiencia inmersiva que eso supone para el espectador. Para ser filmadas, las hermosas coreografías de Pina Bausch necesitaban de ese parámetro espacial, porque su danza trabaja específicamente la relación del cuerpo con los elementos y los objetos que se encuentran en el escenario. Bausch murió de cáncer antes de que Wenders pudiera empezar a rodar, una más de las víctimas de una filmografía que ha vampirizado en más de una ocasión el talento de un artista moribundo (desde el Nicholas Ray de «Relámpago sobre el agua» hasta el Antonioni de «Más allá de las nubes»).

Lugares comunes

En esta evocación de la figura de Bausch, que combina fragmentos de sus coreografías, danzas inspiradas en su trabajo y breves declaraciones de decenas de bailarines de su compañía, las 3D saben poner en contacto los cuerpos en movimiento del escenario con la mirada del público. El problema es que, en «Pina», el acercamiento a los métodos creativos de Bausch es bastante superficial, y la acumulación de coreografías ejecutadas por sus colaboradores no ayuda a despejar la niebla de lugares comunes que empañan su retrato.

Werner Herzog también exprime las posibilidades de las 3D como tecnología envolvente que prolonga el parámetro espacial de la proyección en pantalla. En «Cave of Forgotten Dreams», las 3D son directamente responsables de que podamos tocar con los ojos las pinturas rupestres descubiertas en Chauvet-Pont-d'Arc en 1994, las más antiguas (32.000 años) del mundo. Es una experiencia única, irrepetible, dado que Herzog ha sido el único cineasta que ha obtenido permiso para filmarlas. Quizá por la excepcionalidad del evento, el director alemán abusa un poco de esas fascinantes imágenes, aunque en realidad sólo sean una bella excusa para que se interrogue sobre el origen del alma humana y las huellas de la memoria, mientras entrevista a paleontólogos, arqueólogos y expertos varios sobre las simpáticas excentricidades que puede encontrarse en su camino.

A Michel Ocelot, que compitió en sección oficial con «Historias de la noche», la dimensión espacial no le interesa lo más mínimo. En esta película de animación en 3D, el director de «Kiriku y la bruja» utiliza esta técnica para evocar el teatro de sombras chinescas. Las seis historias que configuran estas «Mil y una noches» gestadas en la trastienda de una sala de cine abandonada son fábulas sobre la fuerza del amor que se desarrollan en un plano sin profundidad, donde las siluetas negras de los personajes se funden con el colorido fondo al que pertenecen.


El plantón de Madonna
«Fans» y fotógrafos buscaron ayer en vano a la artista en Berlín, en donde se encuentra promocionando su segunda película, aunque quién lo diría dado el extremo secretismo que rodea cada movimiento de la actriz. Decenas de reporteros gráficos y seguidores se apostaron sin éxito en los alrededores del lujoso hotel Soho house, donde supuestamente presentó ayer su largometraje «W.E» ante personalidades del sector, y en el Ritz-Carlton, donde se rumoreó que podría haberse alojado.Lo único seguro es que aterrizó el sábado en Berlín después de un vuelo desde Londres en un avión privado. Lo demás pertenece casi a la leyenda.