Ana Boyer el gran reclamo publicitario por Jesús Mariñas

Ana Boyer, el pasado miércoles

Demuestran armonía fraternal. La hija de Miguel Boyer ya no tiene miedos, reticencias ni pánico a los «photocalls» bien pagados. Ya sigue el ejemplo de su hermanastra Tamarita y la escuela de su madre Isabel, imbatible todavía pese a sus más de 60 años, no solo por su fina y refinada estampa «chic», sino como acaparadora de portadas y atención. Para mí fue un regalo reconquistarla el año pasado tras más de 30 sin hablarnos. Fue generosa y perdonó mis improperios entendiendo que yo defendí a Julio Iglesias, que entonces era amigo como lo fue de Tonxo Navas, Pepe Guindi, Rafa Lozano, Jaime Peñafiel o un Fraile discreto cuando podía haberlo denostado humana y profesionalmente.
 Ana y Tamara compiten promocionando esta misma semana: la primera, en los trajes de Schlesser cara a la campaña navideña de Codorniú. Aunque la niña Boyer se mantuvo bastante tiempo firme en no hacer publicidad, las ofertas incesantes resolvieron su temor, especialmente cuando rompió con Diego Osorio, actual novio –o lo que sea–, de Eugenia Silva, que sigue a la difícil caza del príncipe azul. De Tamara, que amadrinará las cremas de Maribel Yébenes, encanta su aparente ingenuidad tras unos ojos vivos, inquisidores, a los que nada escapa. En Ana es todo lo contrario, una mezcla de inseguridad o timidez que cautivan. Tamara engancha con su curiosidad parloteadora que resulta incansable, le gusta enterarse de todo y nunca tuerce el morro. Tamara tiene la contención de Carlos Falcó y Ana, el aire a veces enseñador o distante de quien fue ministro de Economía y todo lo dejó por el amor de una mujer.
Eran monotema en el Madrid que retoma su actividad a pasos agigantados. Y de ahí, al desfile de 2nd Skin montado en los jardines del Museo del Traje como acto integrante de un colectivo de nueve firmas opuestas a un Cibeles doblemente tedioso: en lo creativo y como acaparador de vips que este año fallaron, como Cayetana en Ronda –y así le fue a Fran Rivera, que pinchó ocho veces con el primer toro–. Su ausencia provocó alejamiento de lo que Julio Ayesa llama «la gente del servicio», donde incluye deste Tomás Terry, prácticamente mayordomo ducal, a Carlos Telmo o Cari Lapique, antaño casi suegra del matador tras celestinear entre él y su hija Carla.Ella también reaparece tras la maternidad anunciada como si fuera una infanta. Lo que hay que ver. Allí estuvieron una Mar Flores de melenón recortado con traje verde Nilo de Burillo y Carlos Fernández. También asistió Lola Marceli, animada con vivas mechas californianas que le hicieron en Buenos Aires, «donde Juanjo Puigcorbé recibió un homenaje». Todos se quedaron pasmados con la muestra, la perfecta caída de los trajes, sus lazos nunca abusivos, el estampado de las telas, la magnífica costura y las faldas tulipa tan favorecedoras, incluso en versión mini. Tiempo hacía que no veía nada igual. Lo de Cibeles parece moda de otro mundo o distinta época.