Ajuste en la UE por César Lumbreras

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¿Puede quedarse el presupuesto de la UE al margen de los ajustes que están realizando los estados miembros en los suyos? Ésta es una de las preguntas que sobrevuelan Bruselas y justo ahora, cuando las negociaciones sobre el Marco Financiero de la UE para el periodo 2014-20 han entrado en su recta final. Y no es un tema menor. Nos encontramos con que cada uno de los «veintisiete» lleva ya varios años apretándose mucho el cinturón. Entre ellos figura España, donde se han dado importantes tajos al gasto público. En los últimos tiempos han aumentado las voces de los que piden que Bruselas haga lo mismo. Hay varias delegaciones que consideran muy elevado el tope de gasto propuesto por la Comisión Europea. Piden rebajas. Ahora bien, aquí viene la contradicción, ninguno de ellos quiere recibir menos «pasta». España se juega mucho en este envite, porque, además, en los próximos años pasará a ser contribuyente neto al presupuesto comunitario. Para que nos hagamos una idea de las cifras que se manejan, basta decir que nuestro país recibió 13.599 millones en el ejercicio 2011; si se tiene en cuenta lo que aportamos, resulta todavía un saldo neto positivo de casi 3.000 millones de euros. El otro capítulo donde se exigen recortes es en el gasto para que la UE funcione. Desde los estados miembros se ve a los de Bruselas como unos privilegiados, que también deben apretarse el cinturón. En este contexto no beneficia saber que un comisario, que ha tenido que dimitir por denuncias sobre presunta corrupción, John Dalli, se va a llevar 8.550 euros al mes durante los tres próximos años y, más tarde, una pensión vitalicia. Esos privilegios no ayudan de cara a las opiniones públicas.