Berlusconi

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Adoro Italia, su cultura, sus paisajes, su gastronomía. Italia es el país del mundo con más lugares Patrimonio de la Humanidad y en su territorio se han fraguado grandes imperios que han dejado ingente cultura para la Humanidad. Nuestro idioma español tiene raíces latinas, nuestro arte bebió del suyo, nuestras tradiciones se forjaron con las romanas, nuestro canon de belleza se inspiró en el Renacimiento, nuestra moda rivaliza con la suya, nuestra religión católica se aposenta en el Vaticano que el país acoge. Por eso, atendiendo a tantas y tan grandiosas razones históricas, Italia es un gran país que no merecería tener los políticos que hoy tiene. Tampoco unos partidos que no articulan la sociedad, ni un jefe de gobierno como Berlusconi envuelto en zafias peleas públicas permanentes. Claro que a este gobernante le votan los italianos, y las últimas encuestas dicen que, de ser las elecciones hoy, volvería a ganar. Algo difícil de entender en cualquier otro país civilizado.
De Berlusconi, los italianos adoran que es el superhombre que a todos les gustaría ser, adinerado, desinhibido, poderoso y mujeriego, cuatro cualidades que le convierten a sus ojos en un titán, en un héroe. Un hombre que se mueve entre palacios, suyos y ajenos, que ha comprado todas las voluntades posibles para que los demás poderes del Estado no le incomoden, que controla los medios de comunicación, que ha llegado a la jefatura del Estado escalando el ascensor social y que ha convertido en leyenda sus fiestas con prostitutas, jóvenes lolitas a las que Il Cavaliere (curioso calificativo) tendría que mandar al colegio en vez de a su cama. ¿Cómo los italianos pueden respetar a semejante personaje? ¿Será que quienes le apoyan albergan complejos no confesados? Pero lo que es peor, ¿cómo hay una sola italiana, no pagada por él, que le defienda? Que clase de sociedad es ésa, que tiene hombres que aspiran a llegar a los 74 años pagando por sexo a niñas como sus nietas, y que tiene mujeres que admiran a un jefe de gobierno que monta orgías con prostitutas menores? Para colmo de horrores, sus hijos reconocidos, cinco, le admiran como padre. En torno a ellos, y a sus hermanos, nuestro prohombre ha montado un potente tinglado societario, una especie de opulento pesebre del cual todos comen para saciar sus estómagos agradecidos. Las dádivas a las velinas generosas, el agradecido Berlusconi se las tramita en el pesebre político.
Queda pues esperar que haya jueces y fiscales en Italia, todavía a salvo de sus tentáculos, capaces de sentar a tan repulsivo personaje en el banquillo, como merece. Por eso es una grata noticia que el Tribunal Constitucional le haya tumbado, al menos parcialmente, el escudo judicial que le protegía, para juzgarle además de por cohecho y corrupción de menores, por presunta compra ilegal de derechos de televisión y por sobornar a un abogado para que prestara falso testimonio. «Asino vecchio non prende lezioni» (burro viejo no toma lecciones), dicen los italianos. Y así es. Pero, «burro apeado no salta vallado», decimos por aquí. Pues eso.