«Tenía la certeza de querer darlo todo y para siempre»

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Madrid- Alicia Vacas, misionera en Israel, sigue las huellas de quienes le han precedido hace siglos o milenios. Estuvo 7 años en Egipto, primero en una clínica rural, luego en los suburbios de El Cairo. «Vivía en la casa de las primeras combonianas, en Assuán. Las esclavizaron en 1884, en la guerra del Mahdi. Alguna estuvo 17 años prisionera». Y ahora, en la tierra de Jesús. «Estoy como Él, en el desierto de Judea, con los beduinos, entre Jericó y Jerusalén. Tierra Santa siempre te toca el corazón».

«Como tantos jóvenes me preguntaba por la felicidad, el sentido de la vida y cómo mejorar el mundo. Me preguntaba: ¿cómo, con quién y cuánto volcarme? Y me di cuenta de que tenía dos certezas: quería darlo todo y para siempre. Vi que eso era un deseo de consagrarme», comenta Alicia sobre su vocación de religiosa.

A esta valerosa misionera hubo un hecho que le marcó para siempre. « Vivíamos con las hermanas enfermas en su casa de Roma, para acostumbrarnos al trato con los enfermos. Una hermana anciana agonizaba en su lecho, y yo estuve a su lado toda la noche. Aquella mujer era veterana de 40 años como misionera en Uganda. Pero aquella noche de agonía, en cada respiración, le oía decir: "Tengo miedo". ¡Ella, misionera, con miedo a morir, y yo, sobrecogida! Era su último momento y tenía dudas existenciales. ¡Pero no murió! Mejoró, y pudo prepararse para morir bien tres meses después.

Entonces deduje que Dios no le roba la vida a nadie», concluye la vallisoletana.