África

EE UU sacrifica a su peón

Desde que empezaron las protestas en Egipto la semana pasada, Barack Obama ha medido sus movimientos al milímetro con su principal aliado en la convulsa región de Oriente Medio, el presidente autócrata Hosni Mubarak

Varios jóvenes interrumpen sus protestas para orar en la plaza cairota  de Tahrir, epicentro de la revuelta contra el régimen de Mubarak
Varios jóvenes interrumpen sus protestas para orar en la plaza cairota de Tahrir, epicentro de la revuelta contra el régimen de Mubarak

Estados Unidos ha tenido claro que necesita estar del lado del ganador de este pulso entre el pueblo egipcio y Mubarak. Y ayer encontró una fórmula intermedia: Mubarak agotará su mandato, pero no se presentará a la reelección en las elecciones previstas para septiembre.

Primero realizó el anuncio el «rais» egipcio a su pueblo, decisión que fue filtrada antes por los diplomáticos estadounidenses a los medios de comunicación. Y después Obama interrumpió su agenda del día para dar cuenta de la postura de Washington. El líder norteamericano instó ayer a la Fuerzas Armadas egipcias «a asegurar que este momento de cambio sea pacífico» tras valorar la forma en que han manejado las protestas en las calles. Al mismo tiempo, Obama admitió que el presidente egipcio «reconoce que el status quo no es sostenible. Y el cambio debe tener lugar». «Tengo la confianza de que el pueblo egipcio encontrará la respuesta a esta crisis», concedió el presidente estadounidense, que tuvo una conversación de media hora con Mubarak antes de intervenir desde la Casa Blanca. Pero, a su vez, recordó que «creo que sólo debe empezar ahora una transición ordenada».

La concesión a medias de Mubarak se interpretó en las calles como una amenaza. De momento, Obama ha sido cauto con la gestión de esta crisis. Pero sabe que, por supuesto, no desea que se repita el mismo episodio que vivió el presidente Jimmy Carter con Irán en 1978. Precisamente, Obama sigue el guión que escribió dicha Administración demócrata. Entonces, la Casa Blanca optó por intentar respaldar a los dos lados: estuvo con el Sha y con los manifestantes iraníes que pedían libertad y derechos humanos, principios fundamentales en Estados Unidos. Sin embargo, poco después Washington perdió su aliado en la zona cuando el régimen del Sha se derrumbó y el ayatolá Jomeine se convirtió en el líder supremo del país.

La siguiente cuestión es la figura del egipcio premio Nobel de la Paz en 2005 Mohamed El Baradei, que se perfila como uno de los candidatos para llevar una posible transición política en Egipto. El cambio de sus buenas palabras hacia la Administración estadounidense en los últimos días ha hecho que Obama reevalúe su relación con el ex director de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) antes de apoyarle de forma pública.

Obama primero quiere saber qué relaciones tiene con los Hermanos Musulmanes, una milicia religiosa que aterrorizó hace décadas a los ciudadanos egipcios. Ahora ha hecho coalición en las calles entorno a El Baradei con la oposición secular para que hable en su nombre.
Y también desea saber las posturas de El Baradei respecto a Israel y al propio EE UU. Y, sobre todo, si piensa insistir en que los hebreos firmen el Tratado de No Proliferación Nuclear.


La economía egipcia se resiente
La agencia Standard & Poor's, como el pasado lunes hizo Moody's, rebajó ayer la calificación crediticia de la deuda soberana de Egipto un escalón, hasta «BB», y advirtió de que podría volver a recortarla en los próximos tres meses si la situación política en el país árabe se deteriora más. «La decisión sobre ‘ratings' refleja nuestra expectativa de que persistirán las manifestaciones violentas, pese a la remodelación del Gobierno», aseguró S&P. La agencia también colocó en revisión para una posible rebaja la calificación a largo plazo. La segunda semana consecutiva de protestas sociales ha dejado la economía egipcia al borde de la parálisis y ha disparado, también, el precio del barril del petróleo hasta los cien dólares.