El verano solidario

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Este año las vacaciones son diferentes. Son diferentes para todos. Después de varios años de crisis más o menos reconocida política y técnicamente, los ciudadanos afrontamos estos meses de teórico descanso con otro talante. El talante de la solidaridad y de la consciencia de que la crisis ha cambiado la vida de los españoles para décadas. Hasta ahora, los ciudadanos hemos intentado bandearnos con una situación realmente complicada pero sin una certeza colectiva de que las penurias se iban a convertir en algo cotidiano. Este año, las cosas han cambiado. Nadie duda de que la crisis económica es profunda y contundente. Es más, hay convencimiento de que el horizonte de salida ni se percibe, ni se vislumbra. Y que lo peor todavía no ha llegado. Un ambiente y una certeza que por un lado provocan total incredulidad ante las promesas de que la crisis está acabando; pero que, por otra parte, están consiguiendo que florezca por primera vez un gesto de solidaridad entre los ciudadanos.
En las playas, en los chiringuitos, en los bares y en las terrazas se percibe por primera vez un mensaje subliminal entre los españoles: «No nos van a amargar la vida». Quizá este año no se puede tomar cerveza de marca, a lo mejor sólo se puede tomar un tinto de verano, posiblemente las raciones habrá que repartirlas con más generosidad entre los comensales, pero en esta ocasión no hay un ambiente de derrumbe generalizado; las cosas han cambiado. Hay un ambiente de solidaridad entre todos. Las penurias están ahí, las soluciones no llegan, el futuro se presenta negro pero, desde luego, la vida sigue y hay que saber poner buena cara a las malas situaciones.
¡Que nadie se engañe! Esto no significa que los españoles nos hemos creído que las malas e inservibles políticas económicas nos van a sacar del atolladero. Para nada. Somos conscientes de que las salidas son muy complicadas. Pero precisamente esa percepción de que lo malo está por llegar es lo que está provocando ese ambiente solidario ante la crisis, una reacción de que nadie nos amarga lo poco que nos queda, y un empeño: la crisis es para todos y por lo tanto, entre todos también habrá que salir adelante.
Este verano la crisis tiene un rostro solidario. Este verano la crisis provoca un gesto generalizado de complicidad. Es más, a aquellos que por los motivos que sean esa crisis no les ha golpeado con tanta fuerza mantienen una actitud de control para no apabullar a aquellos que han visto claramente recortada su capacidad adquisitiva y de medios.
España, este verano, se ha convertido en un gran escenario de «buen rollo» nacional. Con un mensaje dirigido a aquellos que tendrían la responsabilidad de sacarnos de la crisis. Los españoles ¡podemos! ¡Podemos con solidaridad y ayuda entre nosotros! Una solidaridad que no crea empleo, ni da dinero; pero consuela ante lo que muchos están pasando y sufriendo: los arañazos de la crisis.