La expiación de Robin Aubert

El director presenta «El origen de un grito», un duro relato autobiográfico

Robin Aubert, ayer en Valladolid
Robin Aubert, ayer en Valladolid

La presentación de «El origen de un grito» y su posterior rueda de prensa se convirtieron ayer en una auténtica terapia de grupo. Su director y guionista, el canadiense Robin Aubert, purgó ayer sus pecados en la sección oficial de la Seminci, y no le quedó un pelo en la lengua al confesar algunos pasajes autobiográficos que sirven de eje en la trama de esta película. Durante su primera secuencia, Aubert se vale sólo del sonido para sugerir el abuso a un menor. Sin el menor pudor, el realizador revela que, en su día, fue él mismo el protagonista del dramático suceso: «No podría haber escrito una escena así si no lo hubiera vivido de pequeño», aseguró.

A partir de aquí se desarrolla el resto de esta historia que no trata, sin embargo, sobre el abuso a menores. «El origen de un grito», que representa a Canadá en la próxima edición de los Oscar, relata el viaje de un abuelo y su nieto en busca de su hijo y padre respectivamente, que, destrozado por la muerte de su esposa, no se le ocurre nada mejor que desenterrar su cadáver y huir con él en su coche. «Se trata de una escena muy brutal, aunque lo que yo opine no importa. Mi única pretensión estética es que no resultara macabra. La tendrá que juzgar el público».


Una continua borrachera
La autobiografía cinematográfica continúa: «El papel del nieto tiene algo de mí», dice Aubert sobre un joven que ahoga sus problemas en alcohol. «Se trata de un homenaje a esa parte de mi vida en la que no hacía más que emborracharme y acostarme con mujeres a las que ni siquiera conocía. Seguía las huellas de mi padre y mi abuelo. Extiendo el homenaje a los amigos con lo que viví esta etapa y a las mujeres con las que estuve», explica. Obviamente, la sinceridad del canadiense dejó atónitos a los presentes. Pero a él no le importa: buscaba la expiación de sus culpas y, a tenor de sus palabras, los ha conseguido: «Logré sacar toda la rabia que tenía dentro». Pero no pensemos que el papel de la mujer se queda relegado a esas «camareras que ayudan a las almas rotas» –como él las define–. Las féminas de esta peculiar familia son en realidad las promotoras de la búsqueda del viudo atormentado: «Quebec es una sociedad bastante matriarcal. Tengo siete tías que son las que deciden sobre los asuntos importantes. Se juntaban en las que ellas llamaban ‘‘reuniones de la mochila'' y a las que no podían asistir hombres. Desde pequeño, quise entrar en ellas».


Sinde, la coaccionadora
El rifirrafe protagonizado por el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, y la ministra de Cultura por las polémicas declaraciones del primero sobre la nueva ministra de Sanidad, Leire Pajín, tuvo ayer su continuación después de que el edil asegurara que Sinde «había coaccionado a los integrantes de las películas que se presentaban –entre ellos, Antonio Banderas e Icíar Bollaín– para que evitaran cualquier contacto con él», informa Ep. Añadió, además, que «más de uno de ellos» le había confesado dicha instigación, e insistió en que el hecho de que ella tenga una «diferencia con el alcalde no justifica el desprecio a la Seminci y a Valladolid».