Zapatero presume de política social y Rajoy le afea todos sus recortes

El resto de grupos se sumaron a las críticas del líder del PP

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Ya hay que tener valor para solicitar una comparecencia monográfica sobre política social con los recortes aprobados, con la oposición al completo acusándote de haber aplicado el mayor recorte social de la democracia y con tu propio partido haciendo de tripas corazón para votar lo contrario del ideario socialista. Pues así es Zapatero. Se plantó ayer en el Congreso y, con la que está cayendo, sacó pecho e izó la bandera que la crisis le obligó a enterrar. Tenía todas las papeletas para perder el debate y lo perdió, aunque no en la dialéctica, sí en la política. «Quiero trasladarles una convicción: cuanto mayor sea el vigor y la profundidad de estas reformas para mejorar la competitividad, mayores serán las posibilidades de consolidar y de mejorar nuestro Estado de Bienestar», soltó ante la Cámara Baja, antes de relatar lo que, a su juicio, han sido «avances innegables».
Aún desgranaría lo que hace meses llamó «nueva agenda social» y que tendrá como una de sus prioridades la política de vivienda, las políticas activas de empleo, la educación, la conciliación y la sanidad. Fue aquí donde mencionó el reciente pacto social y económico suscrito entre el Gobierno, sindicatos y empresarios, ya que, a su juicio, «responde ya» a los principios de esta nueva agenda social que marcará la acción del Ejecutivo «en los próximos meses» y que ha trasmitido «confianza» sobre la solvencia de las cuentas públicas españolas.
Tardó cero segundos el líder de la oposición en subir a la tribuna para calificar de «broma de mal gusto» que Zapatero presumiera de política social. «Después de escuchar el discurso y observar la descripción –le espetó–, no sé si nos habla en serio o asistimos a uno de sus habituales ejercicios de propaganda».
Rajoy le enumeró, una tras otra, las medidas que se ha visto obligado a retirar «por falta de dinero», como el «cheque-bebé», la deducción de los 400 euros, la congelación de pensiones, la rebaja del sueldo de los funcionarios, la eliminación de las bonificaciones fiscales a los asalariados y la ayuda a la natalidad de 2.500 euros, entre otros recortes. Con el PP, declaró, la salida de la crisis será diferente tanto como «lo que va de malvivir con un subsidio a tener trabajo; de buscar refugio en el socorro de la familia a sostenerla; de carecer de oportunidades a poder escoger; de repartir la pobreza a repartir el bienestar».
 Al discurso de Rajoy le acompañó esta vez el del resto del arco parlamentario, a excepción claro está del PSOE. Uno tras otro puso a Zapatero frente al espejo de sus propios recortes. Primero Duran Lleida (CiU), pero también Erkoreka (PNV), que declaró sin ambages que el modelo social «no da más de sí». Y qué decir de la izquierda, que acusó al presidente de haber «fulminado lo único inteligible de su política» (Joan Ridao dixit).
Pese a la reprimenda general, Zapatero aún desafiaría a la suerte en su turno de réplica, en el que aprovechó para entrar con Rajoy en el cuerpo a cuerpo: «Sus manipulaciones han sido hoy tan gordas como sus derrotas, las que ha tenido ya y las que le esperan en el futuro». Se refería, sobre todo, a los datos que el PP había dado sobre el índice de cobertura de protección por desempleo. «Manipulación gorda, insostenible e inaceptable», remachó airado al tiempo que despejó la incógnita sobre el copago sanitario: «Copago no; medidas alternativas para racionalizar el gasto sí, y trabajamos en ello».
Sorprendió a propios y a extraños que, aun osando Zapatero a mentar la política de empleo, Rajoy desaprovechara la ocasión de recordarle el escándalo de los ERE en Andalucía. Prefirió acusar al del Gobierno de «presentatrse como monopolista de las pensiones» y concluir su segunda intervención con: «Quien no sabe gestionar la economía, nunca podrá hacer una buena política social».