Adeu PSC

Rubalcaba busca un mínimo común que evite la ruptura. Ferraz traslada a Navarro su «no» al «derecho a decidir»

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MADRID- La socialdemocracia española es hoy una olla a presión. La deriva nacionalista del PSC es lo único que le faltaba a un secretario general lastrado por su pasado, hundido por las encuestas y cuestionado por propios y extraños día sí y día también. La abstención del PSC a la consulta de autodeterminación que aprobó el Parlament el pasado jueves ha incomodado sobremanera a la dirección federal, que no oculta su preocupación por la deriva del socialismo catalán, pero sobre todo por las turbulencias que ésta pueda provocar en el seno del PSOE. No es para menos. Ya hay voces, como adelantó LA RAZÓN el pasado jueves, que reclaman la ruptura con el PSC y la recuperación de la extinta federación catalana del PSOE. Son los mismos que han hecho llegar a la calle Ferraz el mensaje de que no aceptarán ambigüedades en la defensa del modelo constitucional, ni consultas, ni referéndum, ni mucho menos un discurso federalista si éste pasa por las asimetrías que defienden los catalanes.
Así que Rubalcaba y su sanedrín habitual buscan estos días el difícil equilibrio entre un PSC dispuesto a avanzar en el desarrollo de un modelo federal –como tercera vía entre el independentismo de CiU y la recentralización del PP– y un PSOE harto de los complejos y delirios del socialismo catalán, como han verbalizado estos días Juan Carlos Rodríguez Ibarra, José Bono o Guillermo Fernández Vara. Otros aún guardan un prudente silencio en público, pero en privado ya se están moviendo. No en vano el veterano Txiqui Benegas, muy cercano a Rubalcaba, trata estos días de contener a un movimiento incipiente y aún desarticulado dispuesto a plantar cara al PSC creando una federación catalana socialista.
 En la calle Ferraz admiten que la situación es delicada, sus dirigentes la califican de «endiablada», pero entienden al PSC en la búsqueda de un espacio propio que los distinga de populares y convergentes ante las elecciones del 25-N. Rubalcaba ha echado mano del presidente del PSOE, José Antonio Griñán, en la búsqueda de soluciones y le ha pedido que haga de puente entre los socialistas catalanes y el resto de federaciones para hallar un punto de encuentro que permita bajar la tensión del momento. La elección de Griñán como posible mediador no es tanto por su cargo orgánico, sino por los lazos que le unen al socialismo catalán y que fueron visualizados en el congreso federal cuando la mayoría de la federación andaluza se decantó por la catalana Carme Chacón frente a Rubalcaba.

La estrategia de Ferraz pasa por disuadir al PSC de incluir en su oferta electoral el «derecho a decidir», una expresión que ha causado ampollas entre socialistas vascos, extremeños, andaluces y madrileños. Y en eso andan desde la dirección federal. El problema es que la Ejecutiva de Pere Navarro, bastante receptiva a las sugerencias del PSOE, tampoco está segura de poder contener al ala más nacionalista del socialismo catalán. Basta recordar la tensa reunión de los socialistas que precedió en el Parlament a la votación sobre la consulta independentista, y en la que el debate giró precisamente en torno al «derecho a decidir» y en si se debía remarcar la necesidad de que la pregunta al pueblo catalán tenía que estar indefectiblemente dentro de la legalidad, esto es, recibir el aval del Gobierno central, o podría estar fuera.

Rubalcaba y los suyos echarán el resto hasta encontrar un «mínimo común» con el PSC que evite la ruptura, un escenario indeseable a las puertas de unas elecciones autonómicas. Claro, que también hay quien cree que la solución del PSC, más pronto que tarde, sólo llegará con una auténtica catarsis y que de la sonora derrota que le aguardan las urnas el día 25-N no le salva ni el federalismo ni el «derecho a decidir» ni la Constitución. Y que, por tanto, defienden los mismos interlocutores, el PSOE no debe andarse con componendas por triple motivo: uno porque aún faltan tres años para las elecciones generales; dos, porque históricamente el voto del PSOE en generales siempre dobló al del PSC en autonómicas, y tres, porque la base social del socialismo catalán nunca fue independentista.