Lavar y pelar por José Ignacio Arranz

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

La población española debe de estar absolutamente tranquila con respecto a la E. Coli. El consumo racional de hortaliza, que pasa por lavarla y pelarla, nos deja absolutamente a salvo. Cualquier medida básica de higiene es eficiente, tenga el pepino lo que tenga. Todos lavamos las lechugas y los tomates antes de comerlos, si bien es verdad que en otros países no hay tanta tradición al respecto. Hasta en el peor de los casos, lavar y pelar, una práctica tan sencilla, sería la solución.
Está confirmado que la cepa O104-H4, procedente de excrementos, contamina sólo al exterior de la hortaliza. Además, es un germen que aguanta muy poco per se. No es un muy resistente a las condiciones ambientales. Tampoco hablamos de un germen que se introduzca en el pepino y lo convierta en algo apocalíptico. Y es que los alimentos pueden ser más peligrosos en función de la accesibilidad de los microorganismos en los nutrientes. En este sentido, el pepino es una hortaliza muy poco vulnerable a la colonización bacteriana. No comparable a lo que puede suponer la carne. No hay evidencia de que exista en nuestro país un producto contaminado. No hay casos ni tampoco brotes. Técnicamente, es posible que estemos ante una contaminación post-cosecha muy posterior. Se ha comentado si el germen procede de un mercado de Hamburgo. Pero parece evidente que el problema no está dentro de las fronteras españolas. Por ello, las autoridades sanitarias han cerrado filas con la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan).

José Ignacio Arranz, Director del Foro Interalimentario