Cómo es la salud de nuestros médicos

Un estudio pionero en el campo de la medicina chequea el organismo de los facultativos de Atención de Primaria en nuestro país. Hoy fuma sólo un 15 por ciento, un 30 menos que hace una década, aunque por otro lado algunos confiesan tener una asignatura pendiente con el sobrepeso 

¿Cómo es la salud de nuestros médicos?
¿Cómo es la salud de nuestros médicos?

El refranero español es muy sabio y cuando dice «en casa del herrero, cuchillo de palo». Raras veces se equivoca. En el caso de la Medicina, podría ser considerada hasta una máxima. Y es así. Al menos, los datos de un estudio lo corroboran. El Estudio Chabs (Cardiovascular Health And Behaviors Survey) es un proyecto impulsado por Novartis y liderado por las principales sociedades de atención primaria: la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Entre las conclusiones reza que un 34,7 por ciento de los galenos tenía sobrepeso y un 8, 4 obesidad. Por otra parte, el 42,3 por ciento declaró seguir un estilo de vida saludable, aunque el 37,5 reconoce algún «pecado» en este sentido. Descanso insuficiente y sedentarismo son los hábitos nocivos más comunes entre los médicos encuestados.
Los resultados del trabajo científico se presentaron en el Foro Multidisciplinar «Construyendo Salud» dirigido al médico de Atención Primaria (AP) organizado por la misma farmacéutica que apoyó el trabajo. «Existen pocos datos sobre la salud cardiovascular, el estilo de vida y los trastornos asociados entre los médicos. Y por ello, este trabajo sienta las bases de futuros estudios similares», apunta José Ramón Banegas, catedrático del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los responsables del trabajo. Cualquiera es capaz de evocar en su mente un médico fumando, mientras pasa consulta. El paso del tiempo ha hecho que esto se convierta en un recuerdo. Y no sólo eso, ya que según la investigación, hoy sólo fuma un 15 por ciento de los profesionales, «un 30 menos que hace una década», como puntualiza Banegas.
El catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid manifestó en la presentación del estudio Chabs: «Los médicos de AP, al ser expertos en salud cardiovascular, al tener una mayor accesibilidad a la información y al disponer de más medios a su alcance, reflejan unos perfiles de riesgo más benignos que el resto de la población. No obstante, en ocasiones, también se ven afectados por unas condiciones laborales y profesionales que pueden llevar a un alto grado de frustración, agotamiento emocional y físico, distanciamiento de su labor como médicos, pérdida de la autoestima profesional y realización personal».

Un ejemplo a seguir
Francisco Morales, catedrático del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina Preventiva y Odontología de la Universidad de Valencia, responsable de conducir el foro, señaló la importancia de la figura del médico, como el verdadero arquitecto que construye día a día una atención clínica integral y continuada de calidad para los pacientes y su entorno familiar y social. Según Morales, «el médico de AP conoce mejor que nadie al paciente y es el responsable de coordinar los esfuerzos de los distintos escalones de la asistencia sanitaria para conseguir una mejor atención de los pacientes». Además, añade que «probablemente es el único profesional con el que se puede establecer una relación interpersonal duradera que permite una atención integral del paciente». El objetivo que persigue el Chabs es evaluar la salud cardiovascular, el entorno socio-sanitario y las conductas preventivas de los médicos de Atención Primaria de los Centros de Salud de los Servicios Regionales de Salud en España, en el que han participado un total de 2.583 médicos de todas las comunidades autónomas, con una media de edad de 45 años.
Conocer la salud de los médicos no sólo sirve para chequearles, sino una excusa para saber hasta qué punto sirven de modelos «saludables» para el resto de la sociedad. «Para que los médicos de AP ofrezcan una atención sanitaria de calidad son básicos dos puntos: contar con profesionales formados en varias áreas de la medicina y que actualicen sus conocimientos y mantener una correcta relación con el paciente, escuchándole, conociendo sus hábitos de vida, dedicándole tiempo, y preocupándose por él», explica Morales.

Consultas eficaces
En este sentido, Sergio Rulicki, doctor en Ciencias de la Comunicación Social, experto en comunicación no verbal y asesor de la serie americana «Lie to me», aportó nuevas ideas sobre cómo puede extraerse mayor jugo a los apenas «siete minutos» de consulta. «La información que un médico puede obtener de sus pacientes, a través del conocimiento y la observación entrenada de los códigos biológicos y culturales de la comunicación no verbal, le pueden permitir distinguir, por ejemplo, qué emociones experimenta un paciente ante distintas opciones de tratamiento más allá de lo que declara verbalmente, su sinceridad respecto del cumplimiento del mismo e, incluso, si el paciente se engaña a sí mismo y brinda información falsa como si fuese cierta, respecto de sus síntomas y la evolución de los mismos», comentó Rulicki. Tan importante es este tipo de comunicación, que tanto Banegas como Morales apuntaron la posibilidad de que los médicos fueran formados en ese terreno. «Si ya hay una plataforma que aboga por los diez minutos, ya que en la actualidad se dispone poco más de cinco, se necesitan nuevos instrumentos para elevar la eficacia en la atención a los enfermos», subraya Banegas.
Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología, codirector de Atapuerca y Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, abordó la necesidad de entender la idiosincrasia del hombre actual, a partir de sus orígenes, de sus pulsiones innatas y de sus comportamientos mantenidos a lo largo de los años. «Es imprescindible acudir a los orígenes para entender las conductas actuales de las personas», comenta el catedrático de paleontología.
A través de la premisa de que el pasado explica el presente, Arsuaga expuso que «el ser humano hoy se comporta de la forma en la que lo hacía porque prima el instinto de sus antecesores del Paleolítico, y en ocasiones, estos comportamientos se convierten en factores de riesgo para determinadas enfermedades».

Nuevos retos
Además, durante el foro, también se trataron otros puntos cruciales en el ámbito sanitario, como el abordaje integral del paciente cardiovascular, claves en la creación de un nuevo modelo de atención que supondría ahorro en el coste económico terapéutico de los pacientes. «Las enfermedades cardiovasculares comparten mecanismos y consecuencias, por lo que el enfoque multidisciplinar es el único que puede proporcionar una visión integral de lo que le ocurre al paciente», expuso el director del Área de Ciencias Cardiovasculares en el Centro de Investigación Médica Aplicada y Clínica de la Universidad de Navarra, Javier Díez.
Los profesionales de las distintas especialidades reunidas (cardiólogos, nefrólogos, neurólogos y expertos en diabetes e hipertensión arterial) en el encuentro coincidieron en que actualmente se dispone de información para evitar el deterioro orgánico si se trata correctamente los factores de riesgo desde un principio. Asimismo, en el caso de que el daño orgánico ya se haya producido, existen opciones terapéuticas que ayudan a detener su evolución e, incluso, a reparar el daño. «En este sentido, las posibilidades de tratamientos, los conocimientos y las innovaciones que se suceden día a día en el ámbito de las enfermedades cardiovasculares facilitan en gran medida mejorar la calidad de vida de los pacientes. Por lo que crear unidades multidisciplinares resulta para que el enfermo no deambule y sea tratado bajo una única óptica», apunta Díez.
 

Volver a la «caverna» para recuperar los hábitos saludables
Un ejemplo de esto sería los malos hábitos alimentarios enraizados en la sociedad actual. «Nuestros genes hacen que estemos conectados genética y biológicamente a las condiciones del pasado y no a las actuales. Estamos diseñados para vivir en la prehistoria, por eso, tenemos esa tendencia y gusto por el consumo excesivo de grasas y azúcares, ya que tenemos un instinto que nos hace buscarlos», comenta el paleontólogo Juan Luis Arsuaga. «La glucosa, los azúcares simples, las grasas, etcétera... eran difíciles de conseguir en la naturaleza para nuestros antepasados, por ello, nuestro instinto nos empuja a desearlos y a consumirlos en la actualidad, ya que es más fácil conseguirlos, aunque no los necesitemos. Esto unido al sedentarismo y a factores de riesgo de ciertas patologías, como las cardiovasculares, facilitan la aparición de estas enfermedades en las personas, tales como la obesidad», añade.
Y en esto la publicidad tiene mucho que ver para que las personas vean una cadena de comida rápida y tengan la tentación irrefrenable de «ingerir grasas y proteínas a mansalva», se trataría de convertir un estímulo natural en un «súper estímulo». Pero sobre todo influye nuestra genética. «Los 3.800 millones de años de selección natural del hombre lo explican todo», afirma Arsuaga. Quizás por ello, muchos llegan a pensar que volver a los tiempos de la Prehistoria –cuando el hombre andaba una decena de kilómetros al día y comía lo que tenía a mano– sería la solución a las epidemias actuales de diabetes, obesidad y sedentarismo, propias del hombre «evolucionado» del siglo XXI.