Literatura

Nobel para un adalid de la Fiesta

El nombramiento de Mario Vargas Llosa como Premio Nobel de Literatura 2010 sirve para ubicar de nuevo en la élite a la lengua castellana, pero también ha servido para encumbrar a unos de los aficionados taurinos más ilustres

El literato nunca ha ocultado el fervor con el que vive la Fiesta, además se ha convertido en uno de los principales defensores con los que cuenta el mundo del toro en estos momentos en los que está siendo atacado por doquier. Cual valiente torero, en este caso con pluma y verso, ha hecho frente a las «embestidas» de los antitaurinos que quieren erradicar algo tan representativo de la cultura iberoamericana. Se confiesa aficionado desde la infancia, porque ya desde niño le enseñaron el extraordinario bagaje cultural que contiene todo lo que rodea al toro. Esta circunstancia le lleva a reiterar en multitud de ocasiones que la mejor defensa que se puede hacer de este noble arte de la lidia es dándola a conocer, acercarla a aquellos que, desde el desconocimiento, la menosprecian y no la consideran una manifestación artística. Así, este premio viene a engordar la larga lista de «nobeles», como Hemingway o Camilo José Cela, que fueron fervientes aficionados y divulgadores de la gran cultura del toro.