Cine

Andrés Pajares: «La telebasura me ha hecho perder la cabeza»

No le importa que le parodien como un desmadrado sexual. Dice que ahora, convaleciente, se aburre mucho en casa, «porque no puedo desmadrarme». Los guiones que le ofrecen no le gustan, «y como de momento tengo para ir tirando». De la muerte piensa como Woody Allen: «Estoy claramente en contra». Fuma poco y bebe poco. La vida nunca sigue igual

Viene a la entrevista con dos radiografías en la mano para mostrarme el artilugio metálico que le han colocado en la columna vertebral. A partir de los 70, el hombre es más radiografía que biografía, aunque ambas estén íntimamente relacionadas. Aún anda renqueante por la operación que le ha impedido interpretar en el cine «La venganza de don Mendo». Carlos Saura dijo de Andrés Pajares: «Pocas veces –y he tenido mucha suerte con los actores–, he trabajado con un actor tan inteligente y dúctil como Andrés Pajares». Yo creo que es un gran actor al que algunos han querido convertir en un juguete roto antes de que se le rompiera la cuerda.

«La vida sigue igual», la película interpretada por Julio Iglesias que LA RAZÓN regala el próximo viernes, es la segunda de Andrés; antes había hecho «El marinero de los puños de oro», con Pedro Carrasco. Recuerda que hacía el papel de amigo íntimo de Julio y que un día, después del trabajo, paseaban los dos por la playa de La Manga del Mar Menor y Julio le dijo, muy serio él, como quien acaba de experimentar una gran revelación: «Flaco, yo tengo que hacer algo grande». Y Andrés: «Vendes miles de discos, acabas de ganar el festival de Benidorm, tienes galas a porrillo, ¿qué más quieres?». Y Julio: «Me refiero a lograr algo universal, como Frank Sinatra». «Sin duda fue un profeta de sí mismo», concluye Andrés.

-Yo estuve en aquel rodaje en La Manga. Nos reíamos mucho viendo a Julio perseguir a la inglesita Jane Harrington, su novia en el filme.
-Iba a por todas. ¿Y quién no en aquellos tiempos? Él estaba salido, yo estaba salido: España estaba salida. Por cierto, yo sigo salido. Julio era muy mujeriego, yo también. La inglesita no le hacía mucho caso, así que se dedicó unos días a Charo López y yo, a una chica llamada Marita, que hacía un papelito en la película. Hoy se llama Bárbara Rey.

(Camisa rosa, pantalón azul, pelo caoba sin un pelo fuera de sitio, tez morena y ojos saltones, como si viviera en un permanente susto o asombro. La chispa de humor que nunca se le apaga contrasta con el rostro siempre grave, como si le doliera reír. Me habla de cuando empezó haciendo variedades, «y cuando no nos pagaban, cosa que ocurría con frecuencia, rifábamos botellas de anís del Mono para poder cenar». Luego vinieron las salas de fiestas y la tele. Se paseaba por los almacenes SEPU para ver si la gente le reconocía, «y si algunos decían "mira, es Pajares", yo me iba contento a casa»).

-Y en 1979 comenzó a trabajar con Fernando Esteso: hicieron nueve películas de éxito. ¿Por qué se separaron?
-Nunca hubo divorcio porque nunca hubo pareja de hecho. Somos amigos desde niños y lo seguimos siendo. Podríamos volver a trabajar juntos en cualquier momento. Hubo un proyecto hace poco, pero los guiones que nos ofrecieron eran muy malos.

-Parece que es más difícil la convivencia en las parejas artísticas que en los matrimonios.
-No, es más difícil la convivencia matrimonial. Dos hombres se llevan bien siempre que no sean gays, porque si son pareja ya se complica la cosa.

-Su gran éxito: «Ay, Carmela!».
-Es mi mejor película. Me llevé el Goya en competencia con Antonio Banderas e Imanol Arias.

-Quizá sea mejor actor dramático que cómico...
-Es más fácil el drama. Me cuesta reír; llorar, no. Se me saltan los lagrimones enseguida. Yo diría que soy tragicómico, como Alberto Sordi. Un tipo llorón con chispazos de humor.
(Pide un Goya de Honor para Mariano Ozores, «uno de los señores que más sabe de cine en este país». Andrés es hipocondríaco (siempre con su botiquín a cuestas) y depresivo, «y quizá por eso lloro tan bien». Cumplió 70 años y la familia se reunió para celebrarlo. «Me extrañó hasta a mí; pensaba que me estaban vacilando los de la tele»).

-Le regalaron una hucha. Parece que los herederos quieren que ahorre.
-¿Ahorrar yo? Pues van listos. No pienso dejar nada. Si dejas algo, siempre hay peleas. Y no quiero que se peleen. Soy pacifista.

-Dice Jane Fonda que el sexo a los setenta es mejor que nunca.
-Exagera. Es distinto, más lento. Y es difícil encontrar a mujeres con paciencia. ¿Afrodisíacos? La viagra me da dolor de cabeza; prefiero el marisco.

-Leo en su blog: «RIP. Aquí yace "Aquí hay tomate", todos los damnificados por este programa terrorista desean que no descanse en paz».
-Es fuerte, lo sé, pero algunos programas de ese tipo me parecen terroristas. A mí la telebasura me ha hecho perder la cabeza y mucho daño profesionalmente. Parece que me voy librando. Yo, que odié la censura, pienso que hace falta algún control en la tele para impedir la ofensa y el mal gusto.