Balaguer recibe hoy el TP de Oro a la labor de toda una vida

MURCIA- Ilusionada, risueña y apasionada, como siempre, Asunción Balaguer (Barcelona, 1925) se encuentra pletórica con los proyectos que lleva entre manos y con el reconocimiento que hoy recibe. La actriz, de 86 años y con el espíritu de aquella joven que creció sobre los escenarios, recibe el TP de Oro a la labor de toda una vida.

Con el firme deseo de seguir trabajando durante todo el tiempo que pueda, la actriz es una de las 39 intérpretes del musical Stephen Sondheim «Follies», que se estrena oficialmente el día 23 en el Teatro Español pero del que se hacen desde el día 10 funciones con un público que se deshace en aplausos cuando ella entona «La canción del superviviente» y derrocha vitalidad al bailar claqué.

«Entrábamos a los cabarés y todas conocían a Paco. Ahora soy yo la vedette y me encanta mirar al público con coquetería. ¡Qué ilusión me hace pasearme y levantar los brazos!», afirma en declaraciones a Efe. Cuando el director, Mario Gas, le mandó el libreto se asustó mucho porque, recalcó varias veces, ella no sabe bailar ni cantar pero una íntima amiga la convenció diciéndole «¿cómo no vas a estar en algo tan importante?». «Vamos, que le he comprado un palco», cuenta agradecida. «La obra es preciosa, deslumbrante, porque tiene de todo: la melancolía, la musicalidad, la monumentalidad...», relata Balaguer.

Nunca había cantado en directo -solo en una película de Imanol Uribe- y menos con una orquesta. «No sabes el subidón que te da. Solo canto una canción, pero claro, somos tantos...», acepta. A escena no sale, para su decepción, con plumas, sino «mona», «muy fina», de color rosa y con su propio pelo.
«¡Me querían poner peluca!. De eso nada, con mi melenita voy yo, aunque, eso sí, el día del estreno iré a la peluquería para que me pongan bien», se ríe de nuevo. Lo que más le ha costado es el baile pero ya lo domina lo suficiente como «para no hacer el ridículo» y se ríe feliz y muy complacida por «la ayuda y cariño» que le dan sus compañeros a los que admira y con los que está encantada.

«Esta es la experiencia teatral más importante de mi vida. Incluso me encantaría ir de gira y ya, picando muy alto, actuar en el Liceo», confiesa. Desde que se casó en 1951 con Paco Rabal (1926-2001), Balaguer ha vivido siempre «pendiente de los demás», de sus dos hijos, y de la familia del actor porque él «trabajaba mucho». «Me ocupé de todos y por eso ahora estoy tranquila y en paz», explica.

Vive desde hace 15 años en Alpedrete, a 43 kilómetros de Madrid, en una «preciosa casa» al lado de su hija en la que se ocupa del jardín, su gran afición junto con los viajes, sobre todo a los sitios que conoció con «su» Paco, a quien le gustaba llevar a su familia a los sitios en los que había trabajado. «Este verano estuve diez días en Roma recordando las cosas que hice y lo disfruto con muchísima alegría porque me doy cuenta de lo feliz que he sido, aunque ya la mayoría de los amigos haya muerto», lamenta.

Nunca, y eso que le han pasado «muchas cosas malas», ha tirado la toalla y ese, dice, es el «truco» para sobrevivir. Tuvo una trombosis en una pierna y luego otra, a los 70 años, en un pulmón que casi termina con ella, pero desde entonces está «como una rosa».

 Con decenas de obras a sus espaldas, dice que está más nerviosa con «Follies» que cuando hace teatro hablado pero no tiene ningún problema de memoria gracias a tantos años de gimnasia cerebral que le han dado las tablas. «Asunción no te equivoques, me digo antes de salir a escena, aunque a veces me equivoco pero salgo del atasco con la zorrería del viejo», cuenta y se vuelve a reír. «Estoy en la plenitud y tan feliz siendo mayor... Saber que has cumplido te produce una gran felicidad interior». «Espero que la vida me de más años para seguir trabajando en lo que más me gusta», suspira esta abuela de seis nietos y bisabuela de tres que recuerda que «todo en la vida es digno de admiración, respeto y tolerancia».

 

Una vida dedicada al cine y al teatro
Asunción Balaguer debutó a los 18 años en los escenarios de la mano de José Tamayo y su primera aparición en el cine fue en «Perseguidos», en 1952, en la que coincidió con el que luego sería su marido, el actor murciano Francisco Rabal. Desde entonces, la actriz ha participado en un centenar de películas, obras de teatro y producciones televisivas y, a sus 86 años, sigue trabajando sin pausa.