Praga puro teatro

La Cuatrienal reúne propuestas de 65 países. Iluminación, vestuario, talleres, escenografías, todo cabe. España apuesta por los artesanos, los espacios recobrados y los jóvenes.

Imagen general de un momento de la intervención de Humberto Cornejo (segundo dch.), propietario de Sastrerías Cornejo ante la Cuatrienal de Praga
Imagen general de un momento de la intervención de Humberto Cornejo (segundo dch.), propietario de Sastrerías Cornejo ante la Cuatrienal de Praga

Hay pocos lugares mejores que Praga, ciudad que es en sí misma un gran decorado, una postal adoquinada, para organizar una cita de las características de la Cuatrienal de Performance, Diseño y Escena. Porque no se trata de un festival más de artes escénicas: aquí no se viene a ver teatro. O sí, aunque desde otra perspectiva: en los cinco pabellones que tiene repartidos por la ciudad, los reyes son los escenógrafos, los iluminadores, los figurinistas... «En 2011, hemos querido destacar varios objetivos: el primero, presentar variadas disciplinas de escenografía, por ejemplo el diseño de sonido, el de luces, o el vestuario –cuenta Sodja Lotker, directora artística de la PQ, como reza el logotipo de la Prague Quadrennial–. Expresamos así que la escenografía se ha emancipado, es autosuficiente, no es un servicio para el dramaturgo, sino que es un arte en sí misma». La prueba es otro de los rincones de la Cuatrienal, Intersección. En estos cubos, y otros puntos de esta gran feria, se verán hasta el día 26 performances y propuestas de creadores como Josef Nadj, Jim Jarmusch, Ilya Kabakov o Romeo Castelucci.

Pero la parada obligada, el corazón de este encuentro que se ha celebrado en doce ocasiones desde 1948 –aunque en otras ediciones tuvo lugar en un recinto ferial que consumió el fuego–, es el Veletržní Palace, antigua fábrica de automóviles Skoda en los años del comunismo, seis pisos reconvertidos en museo de arte contemporáneo. Aquí se pueden ver los pabellones que cada país aporta. Un breve repaso derrumba fronteras y prejuicios: el colorido espacio de Brasil da una buena muestra del talento de un teatro que bebe de la tierra. China deslumbra con sus maquetas de megaproducciones; y Canadá ofrece un recorrido monográfico del escenógrafo Cameron Porteus. Otros países optan por contenedores epatantes, algunos con mucha gracia, como el garaje prototípico de EE UU, con un rostro de Obama graffiteado en su exterior y rodeado de misiles hinchables; o el vagón del Orient Express de Turquía. Los anfitriones checos han construido una casita de muñecas a escala natural, mientras que Polonia, Finlandia, Serbia o la espectacular exposición de México, se sirven de las últimas tecnologías. Sólo algunos países decepcionan, como Argentina y Suiza, carentes de medios o, acaso, de imaginación.


Talleres fronterizos
En Veletržní, España participa con un pabellón abierto, diáfano, presidido por una enorme mesa de madera avejentada que es punto de encuentro: la afluencia de visitantes lo confirma. Su comisario, Ramón B. Ivars, da protagonismo a los artesanos que hacen posible la magia del teatro. «Quería llamar la atención sobre todo un colectivo que está yendo a menos –explica Ivars–. Los jóvenes ya no quieren seguir en muchas grandes familias de realizadores, porque hay una gran competencia de las nuevas tecnologías, que son más rápidas y baratas». No es el caso de las empresas seleccionadas, catorce talleres representados en el pabellón de España con una selección de fotografías –Víctor Moreno lleva dos años documentando los catálogos– y alguna creación «ad hoc». Son casi todos talleres de peso y tradición, desde las reproducciones de máquinas del Siglo de Oro de Antiqua Escena, hasta las escenografías de Castells Planas, los neones de Cube. BZ o las creaciones para grandes escenarios de Odeón. Pero también hay empresas fronterizas con el cine, como la veterana sastrería Cornejo y el especialista en efectos especiales Colin Arthur. O que trabajan con espectáculos populares, como el taller fallero de Manolo García y la artesanía de batas de cola de Justo «El Salao». La selección llega hasta las figuras hinchables de Quim Guixá y los títeres de La Tía Norica. Para Ivars hay una definición que los aglomera a todos: «Artesanos creadores».

Ayer, en el mismo stand, la artista multidisciplinar Mariaelena Roqué atrajo numerosas miradas con su destrucción-ingestión de su «extreme costume», creado para el apartado homónimo de la PQ, una planta dedicada a trajes imposibles: los hay fabricados con sostenes, de luces fluorescentes y hasta con munición. El de Roqué procede de su homenaje a Albert Guinovart. Estaba formado por obleas «blasfemas» y turrón hasta que se volatilizó en una performance operístico-escénica ante un auditorio numeroso, en el que estuvieron el director general del Inaem, Félix Palomero, el embajador en Praga, Arturo Laclaustra, el director del Instituo Cervantes, Pedro Moya, y el director del Institut del Teatro, Jordi Font.


El detalle
ALUMNOS CON STAND PROPIO

Los alumnos de escenografía de las cinco escuelas oficiales donde se enseña esta discplina en España (Vigo, Sevilla, Madrid, Córdoba y Barcelona) tienen su propio stand en el palacio Veletržní: representan una selección fresca del talento por llegar. Otros ya egresados de las escuelas de arte dramático, llevan años en el mercado profesional. Una selección de sus creaciones ha llegado al Instituto Cervantes de Praga por medio de fotografías de montajes de Elisa Sanz, Alejandro Andújar, Cecilia Molano, Bengoa Vázquez, Alfonso Díez –coordinador de la exposición– y Deborah Macías, entre otros.