China cómo censurar sin que se note

El gigante asiático quiere hacer ver que ha comenzado un proceso de apertura informativa. Se puede informar, pero sin criticar ni desestabilizar al sistema

El 1de junio, tres días antes del 21 aniversario de la matanza de Tiananmen, el diario «Nanfang Dushibao» salió a los quioscos con una bomba. Un dibujante identificado como Xiang Ma había conseguido colar en la página 16 una viñeta con un niño sonriente pintando en un pizarrón. Una escena de lo más inocente si no fuese porque la tiza del colegial recrea la famosa escena del «hombre tanque»: aquel estudiante que plantó cara a una columna de carros armados el 4 de junio de 1989, durante la sangrienta jornada de represión que el régimen lleva dos décadas ocultando y negando. El diario, uno de los más libres de China, tuvo que eliminar la viñeta de su edición digital y se desconoce si el autor o sus editores han sufrido represalias.Más allá de la anécdota, situaciones como ésta han dejado de ser inverosímiles y evidencian la apertura que han vivido los medios de comunicación en China en los últimos tiempos. Algunos comentaristas han bautizado como «Censura 2.0» los experimentos con la libertad de prensa que de un tiempo a esta parte practica el régimen. «Más o menos consiste en censurar lo más importante y abrir la mano con lo que no es vital para el sistema, ni la estabilidad», resume un periodista chino a quien llamaremos Yi y que, como todos los entrevistados para este reportaje, no quiso ser citado por su nombre.El control político sigue siendo rígido, insiste Yi, pero empieza a haber espacio para elevar ciertas quejas. Siempre, eso sí, que no se cuestionen las bases del sistema. El propio Gobierno parece estar interesado en hacerle creer a sus ciudadanos y al resto del mundo que se ha puesto en marcha un cierto aperturismo informativo. «Hasta hace unos años, la información era pura propaganda, al estilo clásico comunista de la Unión Soviética, Cuba o Corea del Norte. Pero en 20 años ha cambiado mucho. Las noticias siguen estando controladas, pero hay un proceso de apertura», explica un conocido catedrático y asesor gubernamental, a quien llamaremos Kong y que es, en sí mismo, un monumento de carne y hueso a la nueva política informativa del gigante asiático. Kong derriba tópicos: es un burócrata del régimen pero jovial y sonriente, que desde el anonimato responde las preguntas con presunta honestidad y sin ahorrarse las críticas.Competencia salvajeLa palabra «propaganda» ha ido desapareciendo de las asignaturas que se estudian en la Universidad de Comunicación de China, en Pekín. Todas las empresas informativas importantes, aunque no sean directamente estatales, siguen teniendo participación pública, pero cada vez son más las que aceptan capital de sociedades empresariales, culturales o científicas que obedecen a otros intereses. Kong asegura que «los medios compiten ya en el libre mercado entre ellos y por lo tanto hay una pelea continua entre periodistas y autoridades para informar más y más. Hay una competencia salvaje y todos quieren vender más, hacer más ruido y más rentable el producto».Tras el terremoto de Sichuan de 2008, ilustra este asesor del Gobierno, sólo se dio acceso a la agencia oficial Xinhua en un primer momento. Sin embargo, las quejas masivas del resto de medios obligaron a abrir la mano, de suerte que la tragedia acabó convirtiéndose en un ejercicio de transparencia informativa nunca antes visto en China. Muy atrás quedaron bloqueos informativos como el de la provincia de Henan en 1975. Aquel año, unas 250.000 personas murieron después del derrumbe de una presa. De aquella catástrofe no hay imágenes de archivo, ni hemeroteca. Las autoridades silenciaron el drama, prohibieron la entrada de extranjeros y, hasta 1994, ni siquiera reconocieron que había sucedido.Llamadas a las redaccionesIncluso en algunos medios estatales parece que se intenta superar el tono propagandístico heredado del comunismo ortodoxo. Proliferan programas como «Enfoque», espacio de reportajes que se emite en la CCTV pública en horario de máxima audiencia, después del telediario de la noche. A los editores de «Enfoque» se le exige que el 60 por ciento de los contenidos remarquen aspectos positivos sobre la marcha del país y la actuación del Gobierno, mientras que el restante 40 por ciento puede criticar con tacto a administraciones locales o personajes sospechosos. «No se pueden emitir dos reportajes negativos sobre la gestión política de una provincia el mismo día. Se pretende evitar que la gente se indigne y genere inestabilidad», desvela un trabajador de la cadena.Las llamadas exigiendo que se silencien ciertos temas siguen llegando hasta las redacciones . A veces no se trata de coberturas estrictamente políticas. Hace dos años, por ejemplo, las noticias sobre una huelga de taxis en la ciudad de Chongqing, extendió las protestas del sector por todo el país. Para evitar que la ola de descontento creciese, el Gobierno prohibió seguir hablando de ello a todos los medios. Editores consultados por LA RAZÓN sostienen que, por lo general, es necesario pedir permiso en Pekín para publicar o emitir denuncias directas contra políticos. La crítica, en todo caso, ha de quedarse en el estrato local o regional. Todos los periodistas chinos consultados creen que lo que mejor funciona en el día a día es la autocensura, algo parecido a lo que ocurre con los medios del mundo capitalista. «La diferencia es que los altos cargos en China no tienen perfil periodístico, muchos nunca han ejercido, ni les interesa. Son comisarios políticos y hacen carrera siguiendo órdenes», explicó un reportero europeo que trabaja para uno de los canales extranjeros de CCTV. Kong, por su parte, admite que a veces no se trata sólo de arruinar una carrera periodística. «Se puede castigar a un periodista dejándolo sin trabajo, o incluso encarcelarlo, aunque sea acusándolo de otros delitos, como ocurrió con el editor de Nanfang Zhoumo». Nanfang Zhoumo es un periódico semanal, editado en el sur industrial del país, y uno de los mejores ejemplos del periodismo atrevido y desafiante. Uno de sus últimos números se permitió cuestionar abiertamente la ley del hijo único, una de las políticas más polémicas para millones de chinos. «¿Ha llegado el momento de abolir la ley del hijo único?», tituló sin rodeos el semanario, llenando la portada y abriendo un debate que no ha sido censurado.Kong y el resto de impulsores de la «censura 2.0» insisten en que es necesario mantener un cierto control para evitar las dos epidemias más temidas por el Partido Comunista Chino: la «inestabilidad social» y el «caos». Como ejemplo se cita a menudo lo que ocurre con la prensa taiwanesa, repleta de escandalosas exclusivas, acusaciones de corrupción, casos de crónica negra y fotos de modelos medio desnudas». La mecánica de la censura en los medios oficiales siguen ejerciéndola los llamados correctores. «En mi agencia hay dos sistemas de control. El editor jefe hace una primera revisión y después hay un editor de oficina que comprueba todo de nuevo. Se leen cada palabra, valorando si ha algo inapropiado o negativo», explica un editor de «China News Service», una agencia de información bajo supervisión del Ministerio de Exteriores. Quizá lo que quiere evitar el régimen con su nueva política informativa es combatir el escepticismo, que gana terreno gracias a Internet y al aperturismo de la sociedad china. «En las ciudades mucha gente no se cree nada. En el metro de Pekín puedes oír a la gente reírse y bromear de lo que contaron n el telediario. Los periodistas de la CCTV hicieron una parodia de sí mismos una vez, un montaje que acabó en Internet», explica una estudiante de la Universidad de Comunicación que cuando acabe la carrera sueña con ejercer. «Trabajaré donde pueda, no tengo problema en eso. He visto a mucha gente criticar a censura pero luego les ofrecen un puesto en la CCTV y para mantenerlo hacen lo que les dicen».Las Noticias Del País, Siempre PositivasExisten varios manuales periodísticos para uso interno en China. Son «libros de estilo» cargados de reglas políticas. Entre los temas «sensibles» se enumeran, entre muchas otras, el terrorismo, las disputas territoriales, el secesionismo, las actividades religiosas, los casos de espionaje o la estabilidad social. «Las noticias sobre países que tienen relaciones oficiales con el Gobierno de Taiwán no pueden aparecer en la televisión pública china». Otra particularidad es la división entre noticias «positivas» y «negativas». Una noticia «positiva» es aquella que retrata los aspectos beneficiosos de algo. La mayor parte de las noticias sobre la sociedad, la administración y la política son «positivas». Las «negativas» suelen ser ser sobre terceros países, como Estados Unidos.