Jóvenes españoles por qué no protestan

Los expertos afirman que la sobreprotección familiar y la crisis económica son los principales motivos

Dos jóvenes españolas esperan a sus amigos. Al lado, refrescos y otras bebidas
Dos jóvenes españolas esperan a sus amigos. Al lado, refrescos y otras bebidas

Los jóvenes franceses se manifiestan mientras los españoles beben». Así titulaba el periódico británico The Times en 2006, año en el que se producían las protestas estudiantiles en el país vecino por el primer contrato de empleo planteado por el Gobierno de Villepin.

Cuatro años más tarde, los protagonistas son los mismos. En Londres, un millar de estudiantes honran a su periódico nacional, recientemente, sitiando la sede del Partido Conservador en protesta por la subida de tasas universitarias. La revuelta estudiantil en Francia no fue menos efervescente el pasado mes de octubre, según los sindicatos de estudiantes 500 institutos se vieron afectados por las movilizaciones en contra de alargar la edad de jubilación de 60 a 62 años. La participación de los estudiantes causó incidentes y heridos. Sarkozy expresó su temor porque este sector de la población volviera a ser tan efectivo como en 2006: logró que Villepin retirara la polémica ley.

La presencia estudiantil ha tenido tal enjundia en ambos países que algunos creían revivir el mayo del 68 o las revueltas de los 80 contra el Gobierno de Margaret Thatcher.

No se sienten grupo
Mientras tanto, en España, las últimas manifestaciones no recuerdan a aquel 21 de enero de 1969, cuando más de dos mil jóvenes se reunieron en la Ciudad Universitaria con motivo de la muerte del estudiante Enrique Ruano. «Los jóvenes españoles no se sienten ya un grupo, como antes. En aquella época se quedó la mítica frase de "no te fíes de nadie de más de 30 años"», comenta el sociólogo Juan María González Anleo. «Ahora son individualistas, y eso se refleja en las redes sociales. Apenas un 7 por ciento habla de cualquier cuestión no ya política, sino social».

¿Cuáles son las causas de que la sociedad española, concretamente la juventud, apenas participe en la vida pública? El hedonismo, una sobreprotección familiar, el escaso apoyo sindical, la crisis económica y las carencias universitarias son los principales factores que comparten expertos en el asunto. «Es la cólera del español sentado. Cuando se levante será más peligroso», comenta Salustiano del Campo, presidente del Instituto Español, fundador del Instituto de Opinión Pública –antecedente del CIS– y ex académico de la Real Academia de Ciencias.


No hay protección sindical

Tohil Delgado, Secretario General del Sindicato de Estudiantes, sale al quite de las críticas calificando de recurrente la teoría de una juventud adormecida. «Es totalmente falso. La huelga del 29 de septiembre contó con una participación de estudiantes muy alta. Lo que pasa es que no tenemos protección sindical, a diferencia de otros países. Por eso los otros países son más explosivos. Por ejemplo, en 2008 los movimientos contra los planes de Bolonia fueron muy grandes. Y en cambio UGT hizo unas declaraciones lamentables, donde se veía el poco apoyo que nos dio».

Del Campo comparte la opinión del estudiante. Afirma que a pesar de la escasa afiliación sindical en Francia, los sindicatos en ese país son capaces de movilizar a un porcentaje mucho más amplio de población. «Aquí es muy necesario ese apoyo. Porque sí es verdad que la juventud es más mansa, y un porcentaje muy alto de responsabilidad reside en el sistema educativo universitario. No se educa para que los alumnos con potencial sobresalgan, cosa que en Inglaterra es básico. Aquí teníamos universidades buenísimas dirigidas por Cabrera o Menéndez Pidal, pero ¿me vas a comparar alguna con Cambridge u Oxford?».


Sumisión y dogmatismo
El filósofo José Antonio Marina lo corrobora en su libro «Las culturas fracasadas», argumentando que las sociedades inteligentes potencian lo mejor de los miembros, precisamente por el bien social. «La evolución de la inteligencia social en Occidente ha puesto en la cima de los valores la autonomía y la apelación a la conciencia individual, fragilizando el poder de la norma colectiva». El autor concluye asegurando que las sociedades estáticas fomentan la sumisión y el dogmatismo. La crisis económica favorece este asentamiento, a pesar de que la lógica induzca a pensar que azuza las protestas. España está viviendo uno de los momentos económicos más duros de su historia y no estimula la movilización social. «La influencia económica en la pasividad juvenil se manifiesta por el miedo a perder el puesto de trabajo, hay menos absentismos», explica el economista Ramón Tamames. Javier Gomá, director de la Fundación Juan March y doctor en filosofía, recurre al ejemplo de la guerra de Irak. «Entonces los jóvenes sí que salieron a la calle, pero no porque se recorte el 5 por ciento del sueldo a los funcionarios. Se pueden reclamar los valores superiores cuando los inferiores están cubiertos».

Por otro lado, González Anleo rebate esta argumentación mencionando la excesiva protección estatal y familiar que recibe el joven y que provoca que éste viva en una especie de burbuja. «Yo estuve en Alemania a finales de los 90, y se quedaban alucinados de que alguien a los 22 años pudiera vivir en casa de sus padres. En España está demostrado que los padres piensan que han hecho algo mal si los hijos se independizan a muy temprana edad, si bien también es cierto que allí el estado te ayuda a hacerlo. Por ejemplo, las universidades te pagan los libros a cambio de que con el primer sueldo lo devuelvas».