Camino del Rocío por Enrique Miguel RODRÍGUEZ

La Razón
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Mientras escribo, muchas hermandades rocieras de Andalucía se habrán echado a los caminos. Igualmente en Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas, el domingo habrán hecho una salida procesional, marchando después a los parajes andaluces que escojan para llegar a la ermita del Rocío. Por encima de la fiesta, necesaria para poder aguantar las duras jornadas, el objetivo final es rendir homenaje emocionado a la señora de las marismas. La romería del Rocío se ha vendido, para los que no la conocen, la mayoría de las veces de forma insidiosa. Carlos Herrera ha escrito este fin de semana un articulo magnífico, porque sin caer en el apasionamiento que el siente, describe la verdad de esta centenaria peregrinación. Casi siempre se ha presentado un acto de devoción hacia la Blanca Paloma, poco menos que como una especie de bacanal en la que participan algunos personajes famosos, pongamos como ejemplo la desaparecida Carmina Ordóñez, que era muy creyente a su manera. Ha sido tachada de escandalosa, cuando son los medios, mejor dicho, algunos medios, los que hacían escarnio sacando imágenes fuera de contextos. Cuando se está muchas horas andando por arenales interminables, lavarse los pies con agua, cerveza o Coca Cola es una extrema necesidad. Lo que nunca ha salido en las imágenes son las de muchos peregrinos, jóvenes en su mayoría, que en la madrugada, en cualquier parada, cantan a la Virgen delante de su carreta. Sevillanas que no se oyen ni se graban, donde piden perdón, donde ruegan por lo que necesitan, donde dan las gracias, todos al ritmo de una guitarra. Nunca he oído oraciones más bellas que esos cantares. Eso sí, siempre con mucha alegría, porque en esta tierra sabemos que la tristeza no la quiere Dios ni muchos menos la Virgen del Rocío.