El hombre que enseñó a Colón por César VIDAL

Las fuentes históricas indican que el descubridor de América obtuvo su información de un español que llegó al continente antes que él

Quizá Cristóbal Colón se aprovechó del trabajo de otros
Quizá Cristóbal Colón se aprovechó del trabajo de otros

Aunque Colón afirmó que era genovés –un aserto aireado de manera machacona por Mussolini–, lo cierto es que el navegante dio repetidas muestras de no hablar ni escribir el italiano. Cuando en 1504 escribió a un Micer, Juan Luis de Génova, lo hizo en castellano a pesar de que el destinatario de la misiva no conocía esa lengua. El dato no deja de ser notable, pero coincide con el hecho de que Colón escribiera en castellano sus comentarios a la «Historia natural de Plinio», que poseía en italiano. Colón hablaba el castellano –seguramente, su lengua madre–, el portugués, el francés y sabía bastante latín y algo de griego, pero curiosamente desconocía el italiano y para cartearse con italianos como Gorrica o Toscanelli se valía del castellano o del portugués. Semejante circunstancia podría explicarse si, como ya señaló Madariaga, Colón fuera un judío converso interesado en ocultar su ascendencia española.

Sin embargo, no fue lo único que escondió Colón. En torno al año 1484, según informa el Inca Garcilaso, un piloto natural de la villa de Huelva, en el condado de Niebla, llamado Alonso Sánchez de Huelva, se dedicaba a trasladar mercancías de la Península a Canarias y de éstas a la isla de Madera, de donde regresaba a España con azúcar y conservas. Precisamente, yendo de Canarias a Madera, Alonso Sánchez de Huelva sufrió un temporal tan tempestuoso que optó por dejarse llevar por él.

La situación duró veintiocho o veintinueve días y, al concluir, Alonso Sánchez se encontró frente a una isla que, muy posiblemente, fue la de Santo Domingo. El regreso fue difícil y en su curso se agotó el agua llegando finalmente a la isla de Tercera cinco marinos, entre los que se encontraba el propio Alonso Sánchez de Huelva. Allí fueron a parar a la casa de Cristóbal Colón sabedores de que elaboraba cartas de marear. Colón los acogió, pero tan desfallecidos estaban los marinos que murieron en su casa, «dejándole en herencia los trabajos que les causaron la muerte».

De manera bien significativa, Colón inició un periplo en busca de patrocinadores de su viaje que excluía a la España donde ya se habían articulado medidas antisemitas. El rechazo continuado de distintas monarquías y, sobre todo, la sospecha de que Portugal podría estar preparando una expedición para llegar a las Indias por un camino más corto acabaron impulsando a Colón a dirigirse a la Corona de Castilla. Aquí los testimonios del conocimiento previo de Colón se acumulan.


Tierras conocidas
Bartolomé de las Casas señalaría que daba la sensación de que el navegante ya había estado en las Indias y que de un momento a otro hubiera podido sacárselas de debajo de la vestimenta. Incluso las Capitulaciones de Santa Fe suscritas entre los Reyes Católicos y Colón hacen referencia a unas tierras ya descubiertas, lo que lleva, nuevamente, a pensar en que, quizá, utilizó ese argumento para terminar de convencer a los monarcas a fin de que financiaran la expedición. Fuera como fuese, Colón acabó consiguiendo la ayuda económica que necesitaba para llegar a las Indias. Realizar el viaje resultaría, significativamente, menos difícil que esa empresa. A fin de cuentas, Colón tenía datos suficientes para desembarcar en el continente que sería conocido como América. Se los había proporcionado un marino español que lo había visitado antes que él.