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El penúltimo tiro de Elmore Leonard

«Raylan» condensa el estilo de este violento escritor, un Tarantino de las letras«Raylan»Elmore LeonardAlianza. 312 páginas,18 euros.

Si el lector desconoce las novelas en las que se ha basado la teleserie «Justified» y nunca ha leído a Elmore Leonard alucinará con «Raylan», quintaesencia del estilo seco y desabrido de uno de los más grandes escritores de novela criminal. «Raylan» es, en apariencia, un «refrito» de algunos capítulos de la serie televisiva «La ley de Raylan», una especie de novelización, escrito a partir de situaciones y personajes creados por los guionistas de la serie como una secuencia argumental alternativa. El efecto literario es chocante para el lector que la conoce y se encuentra con esos mismos personajes en situaciones distintas o a personajes distintos en situaciones reconocibles.

La ley del Oeste
En realidad, «Raylan» es un entrecruzamiento de tres historias cortas ensambladas con el genio literario de Elmore Leonard. Raylan Givens, el agente judicial de Kentucky, actúa con la contundencia del personaje cuajado, entre Harry, el sucio, y Joe, de «La muerte tenía un precio»: duro, lacónico, implacable. No exento de la educada autoridad de quien representa la Ley y la impone de la forma más expeditiva: a tiros. Raylan Givens es un viejo estereotipo de las novelas de vaqueros, de las que Elmore Leonard fue un consumado escritor, con éxitos en el cine como «El tren de las 3,10» y «Joe Kid». Es éste un submundo oscuro lleno de malos y criminales, y Raylan, con el Stetson calado y la Glock desenfundada, aparece como un ángel vengador bíblico. El universo literario de Elmore Leonard en «Raylan» no puede ser más violento ni sus personajes enloquecidos representar mejor de forma polarizada el enfrentamiento del mal en estado puro con el bien que Raylan impone a su manera, como en el salvaje Oeste de los duelos y tiroteos.

Lo genial de Elmore Leonard es su prosa descarnada. Su esquematismo, ligereza, casi levedad literaria, expurgada de elementos superfluos hasta dejarla en los puros huesos narrativos: unos diálogos crepitantes que te llevan de aquí para allá sin contemplaciones. Tarantino, fan desde niño de Leonard, imita a sus héroes y villanos, su incontinencia verbal, sus mujeres asesinas y los enfrentamientos a tiro limpio. Ese universo hiperbólico, más allá del bien y del mal, en donde un atajo de perdedores pululan atrapados en la desmesura, es puro Elmore Leonard.