Estado de la Economía de la Nación por J R Pin ARBOLEDAS

El Gobierno llega al debate con la prima de riesgo disparada y una reforma laboral fallida que deja cinco millones de parados

DESCARGUE EL GRÁFICO COMPLETO EN «CONTENIDOS RELACIONADOS»
DESCARGUE EL GRÁFICO COMPLETO EN «CONTENIDOS RELACIONADOS»

Esta semana el Congreso de los Diputados celebra el Debate sobre el Estado de la Nación. Si hay algo sobre lo que debatir a estas alturas es sobre el «Estado de la Economía de la Nación». La cifra de cinco millones de parados es cada vez más creíble. Es probable que se alcance en el cuarto trimestre, cuando finalicen los contratos temporales que, este verano, darán un respiro al empleo gracias al turismo por la explosión social del Magreb. Por eso, el barómetro del CIS de mayo indica que el 78% de los encuestados califican la situación económica de España de mala o muy mala, el 74% dicen que seguirá igual o peor y el 84% fijan el desempleo como su principal preocupación.

Junto a ello, el diferencial de interés de la deuda soberana española respecto al bono alemán supera los 250 puntos básicos. La carga de la deuda soberana exigirá más esfuerzos para controlar el déficit público, a reducir del 9,2% del PIB en 2010 al 6% que piden las instituciones internacionales para 2011 ¿Cómo hacerlo en plena crisis? El descalabro en las finanzas públicas ha llevado a España a una «Acreedocracia» (gobierno de los acreedores) donde las políticas de reforma económica las dictan los intereses de inversores internacionales que financian al Estado español. Sus voceros son el FMI o el BCE y el diferencial de la deuda soberana. La causa: no haber sabido sostener el gasto público. Quede claro: los malvados no son los voceros. Ellos son los «pepitos grillos» y no se puede echar la culpa al mensajero.

Además, el sector financiero de las cajas de ahorro estalló por la morosidad de sus inversiones inmobiliarias. El Banco de España tardó en reaccionar y su reconversión en bancos para capitalizarse en bolsa se produce en circunstancias de gran incertidumbre.

Ante estos tres problemas, el Gobierno ha realizado intentos de reforma laboral, fiscal y financiera, presionado por la «Acreedocracia». En el campo laboral, aprobó hace un año una ley cuyos últimos coletazos han sido los Decretos-Leyes sobre la Negociación Colectiva del viernes 17. En finanzas públicas lo más significativo fue el aumento del IVA y el intento de reducción del gasto. Del sector financiero quedan las fusiones de las cajas, los malogrados SIP, los test de stress y la posterior reconversión en bancos.

Las medidas laborales no han tenido aún reflejo en el empleo; los intentos de reducir el déficit han dado algún resultado, pero siguen en el alero por la debilidad del consumo interno y la falta de disciplina de las autonomías y los gobiernos locales. Sobre las cajas planea la incertidumbre que sólo el tiempo despejará. Así que, si de algo tiene que hablar el Congreso esta semana, es de empleo y finanzas públicas y privadas.

Lo demás es accesorio. El debate sobre la igualdad, la memoria histórica o la muerte digna, ejes de la política gubernamental, sonaría a música, no precisamente celestial, ante las miles de familias españolas con todos sus miembros en paro, los que han acabado la prestación por paro y el subsidio posterior, los desempleados de larga duración, los desahuciados al no poder hacer frente a la hipoteca, los empresarios que ven cómo sube la morosidad, incluyendo la del sector público; los jóvenes sin esperanza profesional, los inversores internacionales y sus voceros preocupados por sus dineros, etc. Si el Parlamento no quiere defraudar a sus ciudadanos, si quiere reducir la desconfianza de los inversores, si no quiere aumentar la «indignación» (manifestada o resignada), debería ofrecer esperanza y soluciones económicas.

Es dudoso que la situación política permita un debate más económico que político, más racional que emotivo, más consensual que agresivo. GOBIERNO y OPOSICIÓN (así, con mayúsculas) se encuentran ante un dilema: tener un debate constructivo, en búsqueda de consensos y soluciones económicas, o realizar una «trinca política», donde el Gobierno alardea de «sacrificarse» por el bien común, mientras la oposición le muestra los malos resultados de su gestión.

De momento, unos y otros están encastillados. El Ejecutivo y su partido, el PSOE, buscando cómo salir del pozo mediático-electoral en que está. La oposición mayoritaria esperando que ese pozo se haga más profundo ¡¡Resignación!! La economía manda, pero la política no siempre obedece. Circunstancia nada rara en nuestro entorno. En situaciones mucho más graves, como la griega, tampoco parece posible el consenso. Allí la oposición se resiste a apoyar a un gobierno presionado por la «Acreedocracia». Los portugueses y los irlandeses lo solucionaron adelantando elecciones ¿Qué elegimos?


J. R. Pin Arboledas
Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública.