Votar bajo el Barça-Madrid

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El condicionante no es ir a votar a lomos de un burro, atravesando trochas y veredas con lluvia intermitente de mortero, como les sucedía a los aldeanos afganos en el «hiperpucherazo» electoral de hace un año. Aquello, quizás, fueran ganas de participar jugándose algo más que la poca hacienda. La advertencia, por decir algo, queda reducida a que las elecciones catalanas han sido convocadas bajo el signo (convulso, pero sólo en una cancha, no más allá) de un Barça-Madrid, uno más de los partidos del milenio. Los partidos del milenio se celebran al menos un par de veces al año. Eso es todo, aunque debe ser mucho porque el temor político-mediático ha llegado a una suerte de duelo: o fútbol o votos. Entendiendo al elector como un ser de incapacidades, obligado a concentrar todo su intelecto en las horas de vísperas en repasar las alineaciones, entonar la garganta y encomendarse a la patrona. La clase política catalana esgrime un aletargamiento electoral, estando el fútbol por encima de todas las cosas. Y más bien se trata de la dificultad de encontrar un motivo para salir catapultado del sofá y llegar, a cualquier hora del día 28-N, hasta el colegio electoral. Cuando la excusa de un previsible fracaso de participación es la celebración coincidente de un Barça Madrid, es que el daño en el sistema es más profundo. Tal y como va, incluso que el ascensor del bloque esté fuera de servicio es ya motivo aceptado para no bajar a votar.