Navarra

Txiki Benegas/ Diputado del PSOE por Vizcaya (64 años): «Todas las partes tuvimos que hacer concesiones»

Txiki Benega / Moscoso
Txiki Benega / Moscosolarazon

La Transición fue un proceso muy difícil y complejo. España tuvo la suerte de que entonces coincidieron un elenco de políticos con las ideas muy claras sobre lo que había que hacer en dos aspectos fundamentales: el primero, no repetir los errores de nuestra historia pasada, que nos costaron una guerra civil y una dictadura. La consecución de este objetivo nos condujo a la moderación, a no tratar de imponer las ideas propias. El segundo fue ser conscientes de que un futuro diferente para España requería sentar las bases de la democracia sobre un gran pacto. Para ello, había que ser conscientes de que todas las partes implicadas en el proceso tenían que hacer renuncias y concesiones. Y lo hicimos. En el PSOE, por ejemplo, éramos republicanos y aceptamos en la Constitución una monarquía parlamentaria y una Ley de Amnistía que fue una ley de punto final. Esa generación de políticos entendió que una Transición pactada tenía que ser su aportación a la Historia de España para cambiar su rumbo. No fue fácil. Padecimos un terrorismo muy fuerte –un centenar de muertos en 1980– o momentos como el asalto de Tejero al Congreso. Después ha venido una generación ya asentada en la democracia, sin la responsabilidad que tuvimos nosotros en la construcción de un sistema para todos y que ha basado en exceso su política en la confrontación pura y dura. Si trasladáramos a este momento aquel espíritu, habría que buscar dos grandes acuerdos: uno, para salir de la crisis, que requeriría diálogo sincero buscando un pacto para superarla; y dos, una reflexión sobre el título VIII y los problemas territoriales actuales que lleve a un acuerdo PP-PSOE.
 

Juan Moscoso / Diputado del PSOE por Navarra (46 años)
«No debemos tener miedo a reformar la Constitución»
Recuerdo bien la Transición, aunque yo sólo tenía 9 años cuando murió Franco. Crecí en Pamplona. Allí aquella etapa fue intensa. Se percibía mucha tensión social y estábamos muy condicionados por el terrorismo. Incluso en nuestra etapa del colegio estábamos impregnados por los cambios sociales. Hablábamos de política, del referéndum sobre la Constitución, de Euskadi... Yo tuve la suerte de vivir todo eso muy de cerca gracias a mi padre (Javier Moscoso, ministro de Presidencia en el Gobierno de Felipe González), que empezó militando en UCD aunque siempre mantuvo su identidad socialdemócrata. De su experiencia recuerdo la buena relación que mantuvo con todos. Ahora debo añadir que hay más colaboración, cooperación y compañerismo entre los diputados del que se transmite a través de los medios de comunicación. Pero es cierto que aquel impulso de la Transición necesita un refuerzo. En estos tiempos de crisis, como entonces, la culminación del sueño europeo debería servir para creer en un futuro mejor. Todos los que nacimos después de 1960 no votamos la Constitución. Pero somos mayoría los que creemos que la reforma institucional debe corregir los defectos que hemos visto a lo largo de 30 años de una democracia que, no obstante, ha sido un éxito.

Tenemos que ser optimistas. Y aprender que entonces hubo una capacidad de ceder y renunciar a propuestas que cada uno consideraba importantes. Cuando esas renuncias se produjeron, el sistema quedó en exceso «cristalizado», esto es, rígido, petrificado, sin la flexibilidad que necesitaba una nueva generación, la primera de la historia de España nacida y crecida en democracia.

Ahora nos hemos acomodado al modelo y nos parece que las pretendidas reformas puede tener más costes que beneficios. Pero debemos enfrentar la crisis con serenidad y no tener miedo a hablar de reformar la Constitución para adaptarla a los nuevos tiempos. El marco constitucional es flexible y podemos llevarla a cabo con éxito.