El reto: aprender a vivir con menos CO2

Una familia sueca vivirá seis meses en una casa sostenible con un reto: reducir sus emisiones de CO2 de siete a una tonelada por persona y año. Cada decisión cuenta. ¿Comprar comida producida al otro lado del mundo o primar en la cesta los alimentos locales?, ¿ir al trabajo en bici o en coche?, ¿ducharse en cinco minutos o en dos? ¿Lo lograrán? 

El reto: aprender  a vivir con menos CO2
El reto: aprender a vivir con menos CO2

¿Se iría a vivir a una casa sostenible que no fuera la suya con el fin de lograr reducir su huella de carbono? Ésa es la pregunta que miles de familias suecas se hicieron al leer un anuncio en el periódico en el que se pedía candidatos para vivir en una casa ecológica durante seis meses. Los criterios de selección principales eran tres: la familia debía de estar formada por cuatro miembros; tenían que trabajar y estudiar relativamente cerca de Alghagsstige, a las afueras de Estocolmo, y debían disponer de al menos un vehículo.
Dicho y hecho. Nada más leer el anuncio decenas de familias se presentaron voluntarias. Los Lidell, un matrimonio con dos hijos, han sido los seleccionados entre 55 familias que solicitaron participar en «One Tonne Life», un experimento social que aloja a una familia en una casa sostenible para demostrar que se pueden reducir las emisiones de CO2 de 7,29 a una tonelada por persona y año, sin tener que dar un giro de 180 grados a sus hábitos de vida.

El objetivo
El reto es duro. Para lograr alcanzar el objetivo (al tratarse de un proyecto de seis meses los datos están extrapolados), los Lidell tendrán que tomar decisiones activas. ¿Comprar comida producida al otro lado del mundo o primar en la cesta los alimentos locales?, ¿ir al trabajo en bici o en coche?, ¿comprar unos zapatos u otros?, ¿ducharse en cinco minutos o en dos? Cada decisión que tome la familia será esencial para conseguir reducir sus emisiones a 80 kg de CO2 por semana (o 20 por persona).
El proyecto –desarrollado por Volvo Cars junto con Vatenfall y A-hus, todas empresas suecas– permitirá reducir en más de un 85 por ciento las emisiones de CO2 de la familia gracias a una casa sostenible, a un vehículo eléctrico (el Volvo C30 DrivE) y a una tecnología inteligente que deje medir el consumo energético en tiempo real.
Desde que se mudaran a esta vivienda de Alghagsstige el pasado 19 de enero, los participantes –una familia al uso, acostumbrada a ir al trabajo casi siempre en coche–, han tenido que adaptarse a vivir en una casa que no es la suya, en la que cada movimiento que hagan será analizado en cuestión de CO2. No es lo mismo (aunque sí lo sea) dejarse el botón encendido del stand-by del televisor en su casa que aquí, donde cada detalle se mide con lupa, ya que cada gesto por el medio ambiente permitirá a la familia lograr o no su objetivo.
El «modo en espera» de los televisores gasta el 10 por ciento del consumo total del equipo. Y a ese despilfarro sinsentido hay que sumar el del resto de los aparatos electrónicos. Prueba de ello, es que la UE consume en un año casi 50 teravatios hora sólo por dejar los electrodomésticos en stand-by. Y como resultado se emiten casi 20 millones de toneladas de CO2 y un coste anual de unos 7.000 millones de euros.
«Ya no dejamos los aparatos en stand-by», aseguran los padres, Nils y Alicja, de 52 y 51 años, respectivamente. «Ahora estamos intentando cambiar nuestros hábitos de comida», añaden Nils, un amante del bistec a la plancha, y Alicja, cuya comida favorita es el pescado al curry.

Más productos locales
Algo que quizá les cueste un pelín al principio, por aquello de tener que primar en la cesta de la compra los alimentos que se produzcan más cerca de su lugar de residencia, así como los que menos huella ecológica tenga su producción. Así que, aunque puedan elegir lo que quieran, todo computa. De hecho, en la séptima semana del concurso la familia ha «consumido» ya 62 kilos de CO2 en carne y pescado, sobre todo de carne, ya que no sólo al padre le gusta, sus hijos, Hannah y Jonathan, se pierden por las chuletas de cordero y la pasta con carne picada. Y es que en este país escandinavo, los ingredientes básicos para elaborar la mayoría de las recetas suecas son el pescado, la carne y las patatas. También tendrán que reducir las veces que comen fuera del hogar, ya que han gastado 63 kilos por este placer, por lo que resulta esencial que cambien sus hábitos culinarios si quieren lograr su objetivo.
«Somos conscientes del problema del cambio climático, puntualiza Nils. Queríamos hacer una contribución positiva, pero no es fácil si no eres sistemático. Todos queremos hacer las cosas bien, pero es difícil y ahora tenemos una oportunidad».

Casa con menos ventanas
La primera sorpresa se la llevaron nada más ver la casa, ya que tenía menos ventanas que la suya, una casa de 200 m2 construida en 1976. «Al ver que tenía menos ventanas pensábamos que íbamos a tener la sensación de estar como encerrados, pero para nuestra sorpresa es luminosa. Las ventanas que tiene son amplias y están muy bien situadas. Desde fuera –esta vivienda de 155 m2 de dos plantas– nos parecía más pequeña y sin embargo desde el interior parece mucho mayor», asegura el matrimonio Lidell.
«La vivienda prefabricada y pintada con pintura ecológica, explican desde A-hus, está construida en madera». Aunque tiene una cara recubierta de células solares, lo más importante son los ahorros que logra la casa de forma pasiva gracias a tener ventanas de cristal polarizado o sus tres capas de pared que permiten aislar la vivienda evitando fugas de calor.
 

Además, «consta de una unidad de ventilación que aspira el aire viciado de los cuartos de baño y de la cocina y lo transforma en aire renovado y a temperatura agradable para las habitaciones, salón y otras zonas. El calor contenido en este aire viciado es reciclado e incorporado en el aire fresco entrante», añaden.
En cuanto a los sistemas de ahorro activos, los paneles térmicos permiten calentar el agua. Y gracias a las células solares la familia tiene calefacción, refrigeración y electricidad para los electrodomésticos, todos ellos de bajo consumo.
De hecho, producen más energía de la necesaria, de ahí que gran parte de los kilovatios hora sobrantes sean utilizados para cargar el Volvo eléctrico de la familia, que antes contaba con dos Renault Scenic de gasolina. De hecho, incluso aunque no fuera así, lo cierto es que en Suecia su mix energético está bastante alejado del nuestro: 50 por ciento nuclear, 40 hidráulica y 10 solar, eólica e importada, por lo que las emisiones indirectas que se generarían si enchufaran el coche a la red serían nimias.

Coche eléctrico
Algo que hacen por la noche o al llegar del trabajo, ya que el Volvo C30 Drive se recarga al 100 por 100 en ocho horas. Para ello, han instalado un enchufe común en el garaje. Y por autonomía no será. Con este vehículo los Lidell pueden recorrer hasta 150 km sin tener que parar a repostar.
«Se trata de una autonomía mayor a las necesidades de la familia y superior a las necesidades de desplazamiento de la media europea, y además, libre de CO2», asegura Lennart Stegland, director de Vehículos Especiales de Volvo Cars. «Con este proyecto estudiaremos cómo funciona el coche eléctrico adaptado al estilo de vida de una familia moderna, así obtendremos la mayor cantidad de información para seguir desarrollando este tipo de vehículos», añade.
«No pensábamos que la conducción del coche eléctrico iba a ser tan agradable; "peleamos"continuamente por ver quién lo conduce», dice entre risas el matrimonio. Ambos iban habitualmente al trabajo en coche y lo siguen haciendo. «Aunque puedo ir en bici al trabajo en 20 minutos, suelo utilizar el coche eléctrico porque así puedo llegar después a todas las actividades que tengo en mi agenda», reconoce la madre. El padre, en cambio, usa un coche de empresa o el transporte público entre semana, y es en sus días libres cuando utiliza el Volvo eléctrico. Esto explica por qué ya han consumido 13 kilogramos de C02 en transporte por vehículo de motor y 2 por ir en transporte público.

Tienen que mejorar
Aunque los Lidell han conseguido reducir ya de forma notable sus emisiones, de seguir como hasta ahora, la familia no pasaría la prueba. Porque están en 3,96 toneladas de CO2 por persona (datos extrapolados a lo que emitirían al año). Pero aún cuentan con mucho tiempo para reducir aún más sus consumos. Algo en lo que los ayudará mucho la tecnología inteligente integrada en la vivienda que les permite conocer el consumo energético en tiempo real y utilizar la energía de la manera más eficiente.
Tienen todavía mucho que aprender y sobre todo que aportar. «Ahora tenemos una oportunidad. Estamos preparados para cambiar nuestros hábitos con el fin de conseguir los objetivos. Si lo hacemos bien, quizá inspiremos a otros a cambiar también sus hábitos», concluye Alicja.
Todo lo que hacemos afecta al consumo energético. Este experimento dará prueba de lo que despilfarramos y de cuánto podríamos ahorrar. Por cierto, si el proyecto le ha convencido, sepa que este tipo de casa eficiente está ya a la venta.