Siempre a remolque

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No es que las medidas anunciadas ayer por el presidente del Gobierno sean negativas. Al contrario, están muy bien y parecen oportunas. Esas y otras similares eran necesarias y debieron haber sido adoptadas hace ya meses. El problema principal es que se toman tarde, de manera improvisada y probablemente sin demasiada convicción. En efecto, estamos ante el enésimo plan de choque para enderezar la economía. Otros como éste se airearon en diferentes ocasiones, sin que tuvieran gran resultado desde el punto de vista de la eficacia. ¿Por qué?
Probablemente por un problema de credibilidad. El Ejecutivo hace reformas que no estaban en su programa electoral y que desbordan el discurso de Rodríguez Zapatero. Privatizar empresas públicas no sólo es conveniente, sino del todo necesario. Se ha demostrado que sociedades estatales que iban mal han pasado a despuntar y a funcionar tras dejar de vivir del presupuesto. Es razonable que los aeropuertos se privaticen en vez de ser transferidos a las autonomías, tal y como estaba previsto. También es bueno bajar impuestos y reducir trámites a las compañías para favorecer su funcionamiento y evitarles cargas innecesarias. El problema es que el Gobierno sólo reacciona cuando le aprietan. Cierto que siempre es mejor tarde que nunca. Pero hubiera sido más oportuno hacerlo hace meses dentro de un plan global creíble, y no una vez más a destiempo, de manera forzada y a remolque de los mercados.